Viernes, 23 de diciembre de 2005
Ocupar un sitio microsc?pico en una revista de literatura cuya existencia parece largamente asegurada ?dentro de las seguridades humanas? es c?modo y gratificante. Uno cree estar prestando un cierto apoyo a las buenas letras y son m?nimos los sacrificios.Pero yo quiero recordar aqu? la larga teor?a de revistas n?mero uno ?llamadas as? porque nunca pasaban de A?o 1 - N?mero 1?. Ayud? en lo que pude a muchas de ellas y toler? que publicaran sin autorizaci?n ?y huelga decir sin pago? escritos m?os.Considero ?til analizar los por qu? de estas ef?meras publicaciones que, seg?n compruebo, siguen apareciendo y apag?ndose como estrellas errantes, casi sin dar tiempo para que sus padres y parientes puedan expresar uno o tres deseos.Claro que siempre hay un editorial titulado "nuestra raz?n de ser" o "presentaci?n", donde se explica que la N? 1 viene a llenar un vac?o, nunca definido, tan odiado por los "revisteros" como por la naturaleza.?stos son recuerdos, viejas experiencias vividas all? abajo, en el sur. Pero en estos d?as me ha llegado un N? 1 impreso en multicopia y en alg?n lugar de Espa?a. Como es natural y forzoso, piden colaboraci?n y suscripciones y se aceptan socios fundadores. No hay por qu? contestar ya que nadie ser? favorecido con la dicha de ver el N? 2.La g?nesis de estas simp?ticas revistas es casi siempre la misma: hay un l?der, un peque?o maestro que no encuentra cabida para sus obras en otras revistas o peri?dicos o editoriales. Este cabecilla, generalmente cacique de pe?as literarias en mesas de caf?, harto de que sus poemas ?casi siempre se trata de poemas, de cuentos breves o fragmentos de novelas que nunca alcanzar?n el alivio tan deseado que acarrea generosa la palabra "fin"?, este cabecilla, volvemos, harto de ser escuchado s?lo por el grupo adolescente que lo rodea y admira, termina por sugerir con audacia, con fingida indiferencia, la propuesta desencadenante:
- ?Y si public?ramos una revista?
La fe y el entusiasmo, virtudes que con frecuencia son debilitadas por el paso de los a?os, acogen con regocijo la idea. Al fin y al cabo, ?qui?n no tiene algunas l?neas para publicar? ?Qui?n de ellos puede dudar de un futuro prol?fero y brillante?Pero siempre se impone una pausa que puede durar muchas y muchas reuniones, aunque no frene el ya irresistible impulso: hay que bautizar la revista, hay que ponerse de acuerdo respecto de un nombre nunca usado, un nombre euf?nico y pegadizo pero, a la vez, original, acaso un poco sorprendente. Alto, sonoro y significativo. Por fin, luego de abundantes y amables ri?as y rechazos, se llega a un acuerdo. Conoc? en Buenos Aires el t?tulo proyectado para un N? 1 que creo nonato y que, sin autorizaci?n, pongo a disposici?n de autores de futuros proyectos: "A partir de cero". Un t?tulo adecuado porque a pesar de que los chicos prometan en "Nuestra raz?n de ser" que respetar?n y tomar?n aliento rastreando lo aut?ntico, tel?rico e inmortal en las obras de nuestros padres literarios, en el fondo creen ?o se estimulan mutuamente para no dejar de creer? que la literatura, la vera e inmarcesible, nace con ellos. No hay antecedentes, estamos ante tierra virgen y hay que sembrar.El tema, sugerido por los encantadores y desconocidos remitentes del N? 1 mencionado, me obliga a repetirme, me induce a recordar, una vez m?s, aquella definici?n famosa: "Los j?venes que se acercan a la literatura pueden dividirse en dos grandes categor?as: los que quieren llegar a ser escritores y los que simplemente quieren escribir. S?lo respeto a estos ?ltimos".Y, como todos sabemos pero no lo publicamos con nombre y apellido, la sentencia no es aplicable solamente a los j?venes. No escasean adultos sin regreso que mantienen a fuerza de voluntad el af?n de ser escritores; para ellos, libro tras libro, estilo tras estilo, moda tras moda, lo importante, la meta, es alcanzar nombrad?a, prestigio, popularidad acaso (conoc? a un se?or que logr? que su pasaporte proclamara: Profesi?n: Poeta).A los interesantes e impacientes creadores de N? 1 les aconsejo leer o releer las Cartas a un joven poeta de Rilke. Bastar? con la primera, donde se proh?be escribir si no se siente que el deseo es imperativo e imposible de postergar. Una necesidad, vamos.Porque los que se proponen llegar a ser escritores y continuar si?ndolo, se han tomado en serio la frase sobre la genialidad que reza: un 99 por ciento de transpiraci?n y un 1 por ciento de inspiraci?n (no estoy seguro de que estos porcentajes sean exactos). Y se obligan, con horario de oficina, a sentarse frente a la m?quina o el papel en blanco hasta cumplir la cuota cotidiana, sudando y amarg?ndose horas que podr?an ser gratas dedicadas a placeres o al placer de no hacer nada.Es sabido que los N? 1 fallecen siempre por razones econ?micas; pero tambi?n ayudan al tr?nsito las envidias y los desencantos dentro del grupo promotor. Tambi?n ser?a bueno pensar ?antes que en el t?tulo? que si una publicaci?n de la importancia mundial de Revista de Occidente o de Sur han desaparecido, pocas esperanzas de larga vida pueden tener las reci?n nacidas, cuando sus or?genes son la peque?a vanidad y la pasajera excitaci?n.Como ocurre siempre hay otra cara de la moneda: m?s de un escritor de talento indudable comenz? enviando sus cuartillas a una N? 1 de turno.

Juan Carlos Onetti
(1909-1995)
Montevideo - Uruguay
Publicado por Silsh @ 2:18  | Art?culos
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