Mi?rcoles, 26 de abril de 2006
La palabra y el tacto

por Menchu Guti?rrez


En Utamaro y sus cinco mujeres, la bell?sima pel?cula de Kenji Mizoguchi, vemos al pintor japon?s enfrentado al problema del retrato femenino. Utamaro se siente maniatado por las estrictas normas de la est?tica de su tiempo, por el acartonamiento de la imagen. ?C?mo dotarla de emoci?n? Ha o?do hablar de la belleza de la piel de una cortesana que est? a punto de ser tatuada por un artista local y decide ir a visitarla. Cuando Utamaro ve la espalda desnuda de la bella Takasode, siente el impulso de convertirla en un lienzo y de pintar directamente sobre ella. El retrato cobra vida sobre la piel deslumbrante de la mujer.
Tambi?n el libro es una piel extendida y hay un escritor que persigue el encuentro con ese medio en el que su palabra cobrar? vida al tacto. Para escribir el tacto la palabra debe extender sus dominios a otras geograf?as.
Como en el mapa de la norteamericana Elisabeth Bishop: "Estas pen?nsulas toman el agua entre el dedo pulgar y el ?ndice / como las mujeres al palpar la suavidad de las telas".
Dedos de tierra que palpan el agua como un corte de seda, palabras que se convierten en dedos. Podr?a decirse que donde hab?a mu?ones a la poes?a le crecen dedos, y que esos dedos son capaces de recuperar una memoria perdida, incluso un apunte del tacto, un roce fugaz.
No basta con citar los elementos que confluyen en el roce de un dedo y una espalda desnuda; la palabra debe proveerse de huellas dactilares, de antenas o de remos sensibles como las que ayudan a ciertos organismos celulares a desplazarse por un medio acuoso.
Dedos que piensan tambi?n, lengua que sonda. "Ha venido tu lengua; est? en mi boca como una fruta de la melancol?a. / Ten piedad en mi boca: liba, lame, amor m?o, la sombra".
De alg?n modo todo queda dicho sobre el tacto en este maravilloso poema de Antonio Gamoneda. M?xima extensi?n del tacto en este oscuro beso, una lengua que se estira en todos los sentidos para tocar, lamer, no ya superficies, sino la fuente de la textura. Esta lengua dice que la superficie es s?lo eco de una realidad inalcanzable, impalpable.
Hay tacto en la lengua, tacto en el universo de piel del que ama, tacto en la yema de los dedos del que avanza con los ojos cerrados. La ceguera intensifica el poder conocedor del tacto, y un ciego puede leer en las nervaduras de la hoja de un ?rbol que a?n no han ganado relieve en la superficie, anticipar esa emergencia antes de que el oto?o, al secar el verde, deje a la vista esos canales, como las venas cada vez m?s visibles en las manos de la persona que envejece.
La palabra que quiere comunicar tacto debe de alg?n modo apagar el resto de los sentidos para intensificar ese poder, debe, por as? decir, perder la vista para dotar a esas yemas de unos ojos microsc?picos, hacer que la piel vea tambi?n. En la escala de la piel, poner ojos, o?dos, nariz, lengua.
Entonces, igual que los dedos del ciego leen en el Braille y realizan una trasfusi?n de sentido a trav?s del tacto, debe la palabra abandonarse a su traducci?n t?ctil.
En el tacto est?n nuestro mundo y otro, nuestra textura y otra, la temperatura de la vida y la temperatura de la muerte.
En el poema de Jos? Watanabe, Mi ojo tiene razones, el poeta recuerda una tarde, junto al rompeolas, en la compa??a de una mujer. Reconstruye lo que quiz? le dijo, lo que quiz? hicieron juntos; no lo recuerda. S?lo recuerda una ecuaci?n de texturas sobre el que parece girar toda la escena.
En alg?n momento, sobre una roca, ella recogi? su falda: "Era particularmente raro / el contraste de su muslo blanco contra la roca gris; / su muslo era viviente como un animal dormido en el invierno, / la roca era demasiado corp?rea y definitiva. / Hubiera querido inscribir mi poema en todo el paisaje, / pero mi ojo, arbitrariamente, lo ha excluido / y s?lo vuelve con obsesiva precisi?n / a aquel bello y extremo problema de
texturas: / el muslo / contra la roca".
?Qui?nes son los escritores del tacto? Los que consiguen que el fr?o de sus palabras entumezca nuestra piel; los que generan con sus palabras cuchillos, agujas, alfileres o hachas como la que Kafka imaginaba hendida en mitad de su cabeza. Determinadas palabras est?n envueltas en un huevo de seda que ellas mismas han segregado. Hay una literatura del escalofr?o, y una literatura del miedo que transmite ese otro tacto, anticipatorio, el de la piel que tantea en la oscuridad, al borde del abismo.
Y si el saltimbanqui camina sobre las manos, hay un amante diferente que coloca las caricias en los dedos de los pies, como en el pie anhelado de Fumiko, de la novela de Tanikazi. Hay un tacto definitivo, el de las sentencias prof?ticas, que se escribe en la piel como un tatuaje. Como en Ezequiel: "Profetiza sobre estos huesos, y diles: Huesos secos, o?d palabra de Jehov?
... Y pondr? tendones sobre vosotros, y har? sobre subir sobre vosotros carne, y os cubrir? de piel". Hay tambi?n una palabra anest?sica, que pone a dormir la piel, antes de operar sobre ella, la palabra del sue?o y la repetici?n. Y hay una palabra letal. Palabras que ortigan la piel, inc?modas; palabras a las que crecen espinas. Palabras provistas de dientes: "?rmase una palabra en la boca del lobo / y la palabra muerde", escribe la poeta uruguaya Ida Vitale.
Hay, por fin, otra palabra, que pone piel neg?ndola, que pone tacto en la prohibici?n. Un hombre llega en la noche a un prost?bulo diferente, el que se narra en la poderosa novela de Kawabata Las bellas durmientes. Las adolescentes duermen profundamente tras haber ingerido una poderosa droga. En realidad no se trata de un prost?bulo, y lo que se vende en esta hospeder?a es la piel que no se puede tocar, la proximidad de un tacto conocido y perdido. Porque los clientes, hombres muy entrados en a?os,
impotentes, se comprometen a no tocar a las j?venes durmientes.
Lo que imagina la mano que no puede tocar sea quiz? m?s poderoso que lo que
finalmente la mano acaricia, y el tacto imaginado, quiz? despierte la ra?z misma de la sensualidad. La memoria del tacto es la duradera pesadilla del deseo, y la palabra busca el encuentro del guante todav?a caliente de esa mano.

BABELIA - 26-02-2005
Publicado por Silsh @ 18:53
Comentarios (1)  | Enviar
Comentarios
Estaba buscando informaci?n para hacer un trabajo de dise?o gr?fico para la facultad y encontr? esto. Me pareci? gust? mucho leerlo.
Saludos.
Publicado por seniorita polyester
Viernes, 08 de junio de 2007 | 21:23