Viernes, 05 de mayo de 2006
"La gram?tica necesita vacaciones"
por Hern?n Casciari


Me rega?a un lector de Mirta, v?a mail: "Aunque tus personajes hablaban 'en argentino', tu deber es escribir con correcci?n. Y tu deber, en este caso, es saber que las palabras llanas (graves) no llevan tilde cuando acaban en ene, ese o vocal". Y como no es la primera vez que me hacen esta acusaci?n tan seria, aprovechar? las vacaciones para explicar por qu?, a veces, nuestro ?nico deber es que la gram?tica nos chupe un huevo.

Los argentinos y uruguayos acentuamos los verbos de forma distinta que el resto del mundo hispanoparlante; esto es conocido por todos. Cuando en Valladolid o en Monterrey se dice 'disc?lpame', en Buenos Aires y en Montevideo se dice 'disculp?me'.

La pregunta es: ?lleva tilde esa letra 'a'? La gram?tica de la Real Academia Espa?ola indica que no: "Las palabras graves (o llanas) que acaban en vocal no se acent?an". Yo en cambio postulo que s?, que necesariamente deben acentuarse algunas de nuestras formas verbales, sobre todo desde la irrupci?n de Internet como v?a de comunicaci?n o formato de lectura. E intentar? explicar el motivo, previniendo al lector de que lo har? de un modo salvaje y buscando ro?a.

"La gramatica debe adaptarse a nuestras necesidades, y no nosotros a ella".

En la frase anterior, voluntariamente evit? poner el tilde en la segunda palabra. Sin embargo, y a causa de un l?gico acto reflejo, la gran mayor?a de los lectores, a?n sabiendo que faltaba el acento, ley? correctamente: 'gram?tica', y no 'gramat?ca'. (Felicidades, lector, si le?ste con acento: eso significa que tu corrector interno est? intacto.)

Lo mismo ?exactamente lo mismo? le ocurre a un lector hispano cuando lee el argentinismo 'disculpame'. Lo primero que su cerebro interpreta no es que el personaje que habla es porte?o o uruguayo; la primera se?al que la raz?n recibe es que el autor se ha comido el acento, y entonces el corrector invisible que todos llevamos dentro les traduce, a velocidad luz, y les devuelve 'disc?lpame'.

El principal objetivo de un mensaje es que sea interpretado tal y como ha sido concebido; ?ste es el gran desaf?o de cualquiera que escriba algo. A m? me pateaba el h?gado, y mucho, cuando el a?o pasado Cristina me le?a en voz alta los primeros cap?tulos de Mirta y pon?a los acentos verbales donde se le antojaba a su cultura, y no donde indicaba la prosodia.

Donde Mirta escrib?a "perdoname que te escorche", Cristina le?a "perd?name que te escorche", que suena horrible en cualquier idioma. Entonces decid? 'avisarle' al lector hispano que all? no hab?a un error sino un regionalismo, quitando la alarma del corrector autom?tico; y desde entonces escribo:

?Perdon?me que te escorche.

Hace a?os, cuando escrib?a en prensa escrita y ?nicamente para lectores argentinos, jam?s se me hubiera ocurrido acentuar de esta forma. En ese caso s? habr?a constituido redundancia, delito y falta gramatical. ?Para qu? acentuar ortogr?ficamente un c?digo que el lector no necesita desentra?ar?

Pero desde que muchos de nosotros escribimos para un p?blico que llega desde cualquier parte del mundo, los c?digos no pueden asumirse de antemano. Es m?s: es necesario acotarlos y simbolizar de una manera diferente, porque es tambi?n nueva y diferente la v?a de comunicaci?n que usamos como escaparate.

Hay, sin embargo, otras derivaciones verbales 'argentinas' que no necesitan tilde. Por ejemplo: ponete, haceme, venite, contame. En estos casos las versiones hispanas puras no son objeto de confusi?n (ponte, hazme, vente, cu?ntame) y s? constituye falta gramatical su 'acentuaci?n rioplatense'. Es un error escribir pon?te, ven?te o hac?me. Pero siguen siendo correctas las formas perdon?me, escuch?me, satisfac?me o calm?los, al menos cuando se escribe en Internet y para un p?blico variopinto.

Empec? a acentuar palabras graves (llanas) por necesidad y urgencia de comprensi?n. Descubr? el error en mi propia casa ?como dije? y todo se solucion? con un parche sencillo, con un simple tilde all? donde la Real Academia indica que no debe haberlos.

Y es que a esta Real Academia, por desgracia, le faltan a?n muchos a?os para tener entre sus consejeros a personas que escriban diariamente online. Si hace un siglo ya les costaba un per? seguirle el ritmo a la jerga de la calle, no es dif?cil imaginar lo que les puede estar costando ahora, a unos se?ores con bast?n y mon?culo, debatir c?mo debe decirse, en castellano, 'trackback'.

Cuando para el mundo entero la Red ya es, sin discusi?n, la mayor v?a de comunicaci?n de la historia, y se expande de un modo veloz y descentralizado, para los integrantes de la RAE sigue representando un dolor de cabeza, y lo ?nico que son capaces de debatir es si a la palabra internet debe antepon?rsele el art?culo femenino o el masculino.

Lo que habla la RAE ya no es mi lengua ni la de nadie que tenga un m?dem. Y no lo ser? hasta que la Academia limpie el polvo de sus sillones y acepte entre sus filas a un buen n?mero de integrantes que hayan tenido que lidiar con los verdaderos problemas del castellano del presente y, sobre todo, con la aventura que representa, ya hoy, el castellano del futuro.

Yo quiero una Academia de la Lengua que lo llame por tel?fono a Jos? Luis Orihuela y le consulte cosas (es una met?fora, pero una met?fora factible y necesaria). No estoy a favor de la anarqu?a gramatical, sino de la previsi?n, de la flexibilidad y del tecnicismo pr?ctico, no de la solemnidad te?rica del claustro que levanta muros donde debiera tender puentes. Me gusta el castellano y sus mil variantes, y me gusta porque es lo ?nico que tengo y porque no s? hablar en otra cosa.

As? que si habr? consejos, indicaciones y reglamentos sobre c?mo debo escribir en mi idioma, quiero que los redacten personas que est?n a la altura de las circunstancias y en sinton?a fina con mi tiempo, gente que se sienta c?moda en un mundo que ya no es el mismo mundo de hace cincuenta a?os. Tampoco nosotros somos los mismos, ni nuestras palabras, ni el formato que usamos la mayor?a para escribir.

Si antes eran los suburbios y las jergas adormecidas de sesenta pa?ses que no se ve?an las caras nunca, quienes corro?an paulatina y lentamente la lengua, modificando la roca a raz?n de un mil?metro por lustro, y luego la RAE, con todo el tiempo de la siesta, recog?a unos cambios ocurridos en 1930 y los incorporaba en la edici?n de 1973, ahora las cosas ya no son as?. Ahora todo ocurre en una sola inmensa calle, populosa y cosmopolita, y todo ocurre ?sobre todo? al mismo tiempo. Ya no se puede dirigir el tr?nsito con los mismos polic?as de pueblo.

?ste es un idioma gigante que hablamos, leemos y escribimos cuatrocientos millones de personas a la vez. Y lo hacemos gustosos, a pesar de las barreras anacr?nicas que nos ponen unos sabios ?de rancia sabidur?a? que s?lo acceden a hablar entre ellos y no con nosotros, que van por la vieja vereda del mundo porque tienen miedo a los atracos, anotando todo en libretitas y negando un futuro que terminar? por aplastarles el peluqu?n.

(ORSAI-2004)
Publicado por Silsh @ 18:03  | Art?culos
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