Lunes, 08 de mayo de 2006
"LA FUNCION SOCIAL DE LA POES?A"

por Fabi?n Casas


Elvio Gandolfo es un escritor notable. Tiene varios libros cuya morfolog?a puede ser -a simple vista- la de la prosa, pero su informaci?n gen?tica es la de la poes?a. La Reina de las nieves, Caminando alrededor, dos grandes textos. Bueno, una tarde, en su casa de Buenos Aires -no s? si lo hace todav?a, pero en ese entonces viv?a saltando entre Buenos Aires y Montevideo- me ley? un texto de un libro suyo que se mantiene in?dito a?n hoy.

Era un libro sobre escritores que le gustaban y que, tambi?n, hab?a tratado. El cap?tulo en cuesti?n trataba de El Zorro, un sobrenombre que Elvio le hab?a puesto a un escritor que ambos admir?bamos y que, tambi?n, hab?a formado parte de nuestras vidas en diferentes momentos. Me parece que el apodo es genial y lo voy a utilizar yo tambi?n en esto que quiero contar.

La primera noticia que tuve del Zorro vino de la mano de Daniel Durand. En ese entonces ten?amos marat?nicas reuniones en su casa, con un grupo de amigos con los que hac?amos una revista que se llam? 18 Buitres. Despu?s de la reuni?n, nos tir?bamos a la marchanta en los sillones, almohadones, piso, etc., para leernos cosas, escuchar m?sica y fumar. En uno de esos retiros espirituales, Durand me pas? un libro muy finito y me dijo que el autor era entrerriano, como ?l, y que la romp?a escribiendo. Era el Zorro. El libro se llamaba La Piel de Caballo. Y Durand ten?a raz?n: era genial.

Por esas vicisitudes de la literatura -algo que ahora francamente me espanta, como las presentaciones de brolis, pero de lo que en ese entonces era asiduo- conocimos al Zorro. Hab?amos escuchado que era un tipo dif?cil, que hab?a formado parte del m?tico Literal, con la delantera Garc?a-Guzm?n-Lamborghini y poco m?s.

Con el tiempo, llegu? a ser amigo del Zorro. Que es lo mismo que hacerse amigo de una ara?a pollito. El Zorro sol?a pasar por mi casa una vez por semana para tomar un vino e invariablemente ambos termin?bamos borrachos. Pasaron los a?os, cambiaron los gobiernos, algunos amigos se reprodujeron y llegu? a mis treinta con una falla en alguna parte de mi ?nimo. Caronte me hab?a inclinado el partido y casi no pod?a salir de mi casa si no me bajaba una colecci?n de barbit?ricos.

El Zorro me dijo que fuera a nadar, que eso serv?a para combatir la depresi?n. El era un veterano del p?nico y sab?a. Tambi?n me dijo que lo que yo ten?a era El Horla. Que Maupassant hab?a escrito -antes de terminar loco- un relato incre?ble sobre ?l y que, ?oh casualidad!, el Zorro hab?a traducido. Me regal? la edici?n junto a un libro suyo de los setenta, llamado La Obsesi?n del Espacio. Este libro de poemas tambi?n era genial.

Hace poco el Zorro enferm?. Con Santiago -un amigo que tambi?n escribe poes?a y que le debe mucho a los libros del Zorro, tanto que uno de sus libros lleva su nombre- lo acompa?amos para que se haga una resonancia magn?tica en un sanatorio de su obra social. Era un domingo por la noche. El Zorro tiene dificultades para caminar (lo hace como un ping?ino embolsado), as? que lo pasamos a buscar por su casa y lo llevamos y trajimos en taxi.

Ya en el sanatorio, nos sentamos en la sala de espera, uno a cada lado suyo. Frente a nosotros estaba sentada una pareja formada por un rugbier vestido impecablemente en Legacy y una mujer rubia que ten?a los ojos rojos post llanto. El rugbier, de a ratos, la abrazaba. El Zorro es sordo, as? que habla en voz alta. Dec?a cosas como: "?En los libros de Osvaldo Lamborghini no se mueve nada!". O: "?La parodia es insoportable!". Hasta que una enfermera nos anunci? que le hab?a llegado la hora.
Lo ayudamos a levantarse mientras el m?dico nos informaba que uno de los dos ten?amos que pasar con ?l. Fui yo. Pasamos a un vestuario donde ambos ten?amos que sacarnos los relojes, cadenas, llaves, etc. El Zorro se tuvo que sacar el aud?fono. Entonces vino un m?dico y , d?ndose cuenta de que el Zorro no lo iba a escuchar, opt? por hacerme preguntas a m? sobre la salud del paciente: qu? enfermedades hab?a tenido, si era al?rgico, etc. Le dije que se fijara en la historia cl?nica porque yo no sab?a mucho sobre ?l. Me acuerdo que pens? que era poco lo que sab?a en verdad sobre El Zorro. "?Pero usted no es pariente?", me dijo el doc. "No -dije, buscando las palabras justas, como Urondo-, soy un fan". El tipo es un gran escritor, agregu?. El m?dico hizo silencio y me pregunt? c?mo se llamaba. Se lo dije. M?s silencio. No, nunca lo le?, me dijo.

Despu?s El Zorro, yo y el m?dico entramos en recinto similar a un estudio de radio, pero, en vez de la mesa con los micr?fonos hab?a una camilla donde hac?an recostar al paciente. Una vez puesto ah?, la camilla se mov?a hasta penetrar en un especie de horno y un ruido poderoso sonaba por todo el recinto. La mitad del cuerpo del Zorro estaba adentro de eso. Yo me sent? a su lado, en una silla de pl?stico y me puse unos auriculares que me dieron. Despu?s de media hora, lo sacaron afuera, pero no lo bajaron de la camilla. Entr? uno de los m?dicos que accionaba la m?quina y sacando una jeringa, le inyect? algo al Zorro en el brazo derecho. "Es para tener m?s contraste", me dijo. Despu?s le volvieron a dar otro golpe de horno magn?tico.
Ahora me r?o, porque me acuerdo que la primera vez que lo sacan, el Zorro -como si la conversaci?n de la sala de estar continuara- me dijo: "?Basta de parodia!". Me acuerdo tambi?n que el m?dico que lo inyectaba me mir? como pregunt?ndome si estaba loco.

Hace unos d?as almorc? con Daniel Helder, otro amigo que tambi?n escribe poes?a. Me cont? que lo hab?a ayudado al Zorro en su ?ltima mudanza. Las mudanzas del Zorro son m?ticas, de hecho, en las cotratapas de sus libros -que el mismo escribe, como Odracir Nazarayes, cambiando las letras de su nombre- se dice que ha perdido infinidad de novelas in?ditas saltando de hotel en hotel. Helder me cont? que El Zorro estaba sentado en un colch?n pelado, como un mono desnudo, mientras ?l y otros le mov?an los muebles. De golpe, me dijo, me encontr? con una foto vieja, donde ?l estaba muy joven, corriendo, vestido de deportista. "?Qu? est?s mirando!", le grit? El Zorro. Y cuando Helder le pas? la foto, El Zorro la agarr? con la mano y la puso a un brazo de distancia y desde ah? la escrut?, casi en trance.

Dicen que El Zorro era un tipo muy fachero. Que siempre estaba vestido de manera elegante. Biling?e, sol?a gastar a Guzm?n, Garc?a y Lamborghini a quienes llamaba, despectivamente, "los analfa". En fin, un tipo escribe unos libros muy flacos, de pocas p?ginas. Y para algunos se convierte en el mejor escritor de mundo. De hecho, ciertos lugares donde suceden sus relatos, se modifican para siempre en la percepci?n de sus lectores. Algunas de las palabras que ?l utiliza, se vuelven m?s intensas y le sirven a otros para decir algo que no sab?an c?mo hacerlo. Y m?s. Cuando el partido se complica, aparecen tipos que, desinteresadamente, lo ayudan a ser m?s digno frente a las insistencias de Caronte. S?lo porque escribi?.
Publicado por Silsh @ 12:16  | Art?culos
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Comentarios
por favor el espacio de ustedes es muy agradable, pero pr favor saquen al mediocre y trivial casas Fabian es mas periodista y un espejismo de poeta. Gracias.
Publicado por ricardo lozano
Mi?rcoles, 31 de enero de 2007 | 14:56
El texto de Fabian Casas en excelente, informa y entretiene a la vez. Dem?s esta decir que Fabian es un gran escritor; y creo que los mediocres son los que todavia quieren canonizar estilos.

Por el compromiso antidogm?tico:
Dioniso el poeta.

http://escritosdeldesorden.blogspot.com
Publicado por Dioniso
Mi?rcoles, 24 de octubre de 2007 | 2:54