Domingo, 14 de mayo de 2006
"Borges y yo"
por Alfredo Elejalde F.

Lima, junio de 1999.
(17-07-2003)
url http://macareo.pucp.edu.pe/~elejalde/ensayo/aleph.html

----------------------------------------------------------

Mis primeras lecturas borgianas fueron signadas por ciertos prejuicios ambientales, comunes hacia 1986. B?sicamente, dos : que la suya era una literatura alejada de cualquier sentimiento personal y que Borges era un autor filos?fico. Es decir, un inhumano escritor inmune al amor, al odio o a la simpat?a y que, aunque aislado de la vida humana, era racionalmente estimulante.

Todav?a recuerdo el inesperado descubrimiento de un poeta extremadamente l?rico, ajeno totalmente a los prejuicios que castraban su dimensi?n afectiva, evidente en la pregunta del poema Ausencia :

?En qu? hondonada esconder? mi alma
para que no vea tu ausencia
que como un sol terrible, sin ocaso,
brilla definitiva y despiadada?
(Jorge Luis Borges, Ausencia, Fervor de Buenos Aires, 1923)

Pero lo que realmente llam? mi atenci?n fue la construcci?n de un cuento, El Aleph. La historia no es desconocida. El personaje Borges, todav?a enamorado de Beatriz Viterbo, muerta en 1929, visita todos los a?os la casa de la amada. All?, el antip?tico primo sufre las visitas del devoto amante y comparte con Borges su afici?n literaria. Carlos Argentino Daneri, el primo de Beatriz, muestra a Borges, en abril de 1941, unos p?simos versos de un ambicioso poema suyo que pretende representar el mundo entero, lo que da pie a una serie de comentarios ir?nicos y reflexiones sobre la escritura po?tica. Un d?a de octubre de 1941, Carlos comenta que la casa de la calle Garay iba a ser demolida y, lleno de angustia, lleva a Borges al s?tano para mostrarle la verdadera raz?n de sus temores. Escondido entre los escalones, hab?a un Aleph, un punto en el espacio que encierra todos los puntos, o, si se quiere, el lugar que permite ver todos los lugares simult?neamente. Pero Borges, despu?s de contemplar el universo, decidi? vengarse de Carlos actuando condescendientemente, como si no hubiese Aleph alguno y le estuviera siguiendo la cuerda a los desvar?os de su amigo.

El cuento terminar?a ah? si no fuese por una posdata de marzo de 1943. En ella, el personaje Borges se burla de la oficialidad literaria y del Aleph mismo. Que la publicaci?n de una selecci?n de "Trozos Argentinos" por la Editorial Procusto le haya valido el Segundo Premio Nacional de Literatura a Carlos Argentino Daneri y que "Los naipes del tah?r" de Borges no lograra ni un solo voto, es la iron?a final del desarrollo narrativo del tema de la literatura. Sin embargo, me parecieron m?s interesantes las dudas sembradas sobre la existencia misma del Aleph.

Borges, el personaje, afirma que el Aleph de la calle Garay es un falso Aleph, pero que ?l cree haber visto el verdadero en el centro de una columna de la mezquita de Amr, en El Cairo. Luego, termina esta puesta en crisis dudando incluso de la fidelidad de su memoria, incapaz de retener la visi?n del universo, incapaz de fijar la imagen misma de la amada Beatriz :

"?Existe ese Aleph en lo ?ntimo de una piedra? ?Lo he visto cuando vi todas las cosas y lo he olvidado? Nuestra mente es porosa para el olvido; yo mismo estoy falseando y perdiendo, bajo la tr?gica erosi?n de los a?os, los rasgos de Beatriz." (Borges 1970, 79)

Este cuento me gust? siempre, tal vez porque desde la primera lectura me vi dentro de un mundo en el que existen objetos como el Aleph; en el que se puede reconocer excitantes correspondencias literarias del tipo "Ah, Beatriz Viterbo es la Beatriz de Dante" o "Daneri es Dante Alighieri"; y en el que se reconocen la fuerza de la pasi?n amorosa, la de Borges por Beatriz, o de la venganza de Borges contra Daneri.

Pero este cuento es tambi?n, y principalmente, una historia de mezquindades : el Aleph sustituye la dif?cil v?a m?stica de las religiones pues no es premio a ning?n esfuerzo ni se accede a ?l gracias a una misteriosa unicidad con el universo, sino por el azar de la escalera de la casa de la calle Garay. Beatriz Viterbo, a diferencia de la Beatriz de Alighieri, es gu?a espiritual de Carlos a pesar suyo, a pesar de su impureza, pues la relaci?n que los une queda definida en las atroces cartas a su primo, vistas por Borges s?lo gracias al Aleph. Carlos Argentino Daneri es un Dante ocioso pues no recorre ning?n camino que reivindique su espiritualidad, o su humanidad; s?lo se encuentra con un Aleph al que ni siquiera se puede relacionar causalmente con Beatriz. Y Borges, enfadado testigo del don que recibe Daneri, simula no ver el Aleph por venganza. Peque?a revancha por la antipat?a que siente hacia Daneri, el pedantesco y farragoso poeta que obtuviera los carnales favores de la prima Beatriz.

Para terminar de trastocar el universo que conocemos, en el que se asume que los premios literarios se otorgan a los buenos escritores, la posdata da dolida noticia del premio literario otorgado al indecible poema de Daneri. Como Beatriz Viterbo a Beatriz o Daneri a Dante, la oficialidad literaria en el cuento es el reflejo invertido de la real. As?, lo bueno es malo y lo malo, bueno. Finalmente, el Aleph, el inefable punto que es todos los puntos, resulta falso y, sin embargo, poderoso pues, a pesar de todo, Borges s? pudo ver el universo en ?l.

La segunda lectura tambi?n fue casi autom?tica. La lectura de la posdata, que pone en crisis la existencia del Aleph, me oblig? a releer el cuento inmediatamente. Entonces prest? atenci?n a la composici?n del p?rrafo que describe la visi?n del universo en el Aleph. Not? lo obvio, la enumeraci?n y la sensaci?n de estar viendo todo el universo que aqu?lla produce en el lector. Pero hay unas l?neas del narrador Borges destinadas a reflexionar sobre el problema t?cnico de describir con el lenguaje, que es sucesivo y limitado, el infinito universo, que es visto simult?neamente desde todos los puntos de vista. Efectivamente, la enumeraci?n, pese a seleccionar facetas de la realidad, simula la presencia de una totalidad cubista e inteligible.

La atenci?n prestada por el narrador a la enumeraci?n fue la clave de aquella relectura : la enumeraci?n no aparece s?lo durante la descripci?n del Aleph, ocurre en varios otros lugares, y cada ocurrencia ?pens?- obedece a una estrategia orientada a afectar al lector. Estos lugares, de acuerdo a los temas de las respectivas enumeraciones, describen a Beatriz Viterbo, El Polyolbion, La tierra, y el Aleph.

Cito la primera, la escena en la que Borges contempla los retratos de Beatriz durante su visita a la casa de la calle Garay, a un mes de la muerte de ella :

"Beatriz Viterbo, de perfil, en colores; Beatriz, con antifaz, en los carnavales de 1921; la primera comuni?n de Beatriz, el d?a de su boda con Roberto Alessandri; Beatriz, poco despu?s del divorcio, en un almuerzo del club h?pico; Beatriz en Quilmes, con Delia San Marco Porcel y Carlos Argentino; Beatriz, con el pequin?s que le regal? Villegas Haedo; Beatriz, de frente y de tres cuartos, sonriendo, la mano en el ment?n..." (Borges 1970, 60)

El eje del p?rrafo es la palabra "Beatriz". La vindicaci?n del hombre moderno, hecha por Daneri, en cambio, es una enumeraci?n de frases preposicionales :

"Lo evoco ?dijo con una animaci?n algo inexplicable- en su gabinete de estudio, como si dij?ramos en la torre albarrana de una ciudad, provisto de tel?fonos, de tel?grafos, de fon?grafos, de aparatos de radiotelefon?a, de cinemat?grafos, de linternas m?gicas, de glosarios, de horarios, de prontuarios, de boletines..." (Borges 1970,62)

Despu?s de la lamentable vindicaci?n, Borges le sugiere a su amigo que escriba esas ideas. Una sugerencia que no intentaba sino salir del paso, pero que dio pie a Daneri para hablar de su Canto Augural, Canto Prologal o Canto Pr?logo. Sobre dicho poema, Daneri dijo que :

"El poema se titulaba La Tierra; trat?base de una descripci?n del planeta, en la que no faltaban, por cierto, la pintoresca digresi?n y el gallardo ap?strofe". (Borges 1970, 62)

A rengl?n seguido, Carlos Argentino Daneri lee algunos de sus versos, de evidente mal gusto. Cito:

"He visto, como el griego, las urbes de los hombres,
Los trabajos, los d?as de varia luz, el hambre;
No corrijo los hechos, no falseo los nombres,
Pero el voyage que narro, es... autour de ma chambre."
(Borges 1970, 63)

Daneri considera virtuosa la acumulaci?n de alusiones eruditas (Homero, Hes?odo y Goldoni) que abarcan treinta siglos de literatura en el espacio de cuatro versos. El lector, espantado, asiste a las explicaciones de Daneri sobre las bondades de sus versos; le escucha mencionar la t?cnica de la enumeraci?n e inmediatamente la asocia con Daneri, la mala poes?a y con la descripci?n realista -el realismo en sentido amplio.

Borges, luego de estas digresiones, compara la empresa de Daneri con la de Michael Drayton, autor de El Polyolbion. Al hacerlo, otra vez asistimos al espect?culo de la enumeraci?n, esta vez de frases nominales :

"... esa epopeya topogr?fica en la que Michael Drayton registr? la fauna, la flora, la hidrograf?a, la orograf?a, la historia militar y mon?stica de Inglaterra" (Borges 1970,64)

Inmediatamente despu?s hace una rese?a del proyecto po?tico de Daneri, pero en lugar de decir simplemente que Carlos se hab?a propuesto versificar la tierra, enumera una serie de frases nominales que refieren a algunos lugares ya incluidos en el poema de su amigo. Cito :

"Este se propon?a versificar toda la redondez del planeta; en 1941 ya hab?a despachado unas hect?reas del estado de Queensland, m?s de un kil?metro del curso del Ob, un gas?metro al norte de Veracruz, las principales casas de comercio de la parroquia de la Concepci?n, la quinta de Mariana Cambaceres de Alvear en la calle Once de Setiembre, en Belgrano, y un establecimiento de ba?os turcos no lejos del acreditado acuario de Brighton." (Borges 1970, 65)

Pocos d?as despu?s, Borges recibe una inusual invitaci?n de Daneri. Reunidos en un caf?, Daneri lee sus versos corregidos seg?n un "depravado sentido de ostentaci?n verbal". Borges explica el tenor de esas correcciones.... mediante enumeraciones de adjetivos :

"...donde antes escribi? azulado, ahora abundaba en azulino, azulenco y hasta azulillo. La palabra lechoso no era bastante fea para ?l; en la impetuosa descripci?n de un lavadero de lanas, prefer?a lactario, lacticinoso, lactescente, lechal...." (Borges 1970, 67)

El tono ir?nico del narrador y la cacof?nica enumeraci?n de espantosas palabras arrancan la carcajada incluso, creo, al lector m?s malhumorado. La asociaci?n es clara : Daneri, enumeraci?n, cacofon?a, mala poes?a, realismo.

Unos meses depu?s, Daneri, angustiado, llama de nuevo a Borges y le cuenta que van a demoler su casa. As? nos lo dice Borges :

"Dijo que si Zunino y Zungri persist?an en ese prop?sito absurdo, el doctor Zunni, su abogado, los demandar?a ipso facto...." (Borges 1970,69)

Zun, zun, zun.... La cacofon?a y la repetici?n es indeleblemente asociada con el lenguaje de Daneri. El hombre moderno, vindicado por Carlos Argentino, es el enemigo del poeta, pero no por una incompatibilidad de intereses, sino porque Zunino y Zungri quieren ampliar su encopetado y moderno caf? y, al demoler la casa de Daneri, echar?n abajo el Aleph. Borges, curioso, va inmediatamente a la casa del desdichado, pero piensa que Carlos Argentino estaba loco.... ?Un lugar que contiene todos los lugares!... Inmediatamente piensa que Beatriz tambi?n estaba loca. Claro, para hacerlo, usa otra enumeraci?n, esta vez sin cacofon?a alguna pues representa al lenguaje del personaje Borges, no al de Daneri :

"...me asombr? no haber comprendido hasta ese momento que Carlos Argentino era un loco. Todos esos Viterbo, por lo dem?s... Beatriz (yo mismo suelo repetirlo) era una mujer, una ni?a, de una clarividencia casi implacable, pero hab?a en ella negligencias, distracciones, desdenes, verdaderas crueldades, que tal vez reclamaban una explicaci?n patol?gica." (Borges 1970, 71)

La destrucci?n del recuerdo de Beatriz contrasta con la intenci?n inicial de las visitas anuales a la casa de Daneri. Hay dolor, por la p?rdida, pero tambi?n rencor, por el rechazo. El dolor lo expresar? Borges unas l?neas despu?s, las ?nicas en las que el personaje Borges desciende al sentimentalismo. El narrador Borges cuenta su espera en el recibidor de la casa de Daneri y dice :

"No pod?a vernos nadie; en una desesperaci?n de ternura me aproxim? al retrato y le dije:
- Beatriz, Beatriz Elena, Beatriz Elena Viterbo, Beatriz querida, Beatriz perdida para siempre, soy yo, soy Borges." (Borges 1970, 71)

El reclamo de Borges a la amada muerta es su ?nica expresi?n claramente angustiada y pat?tica y por eso destaca en el cuento. La forma del discurso directo le confiere el car?cter de cita textual, ajena a las elaboraciones literarias del personaje escritor y, por tanto, incontaminada por la literatura. Pero no olvidemos que el cuento es literatura.

Basta comparar las enumeraciones de Daneri con las de Borges para darse cuenta de que la misma t?cnica produce resultados cualitativamente diferentes, y que en realidad hay tres "proyectos po?ticos" : el de Daneri, lleno de farragosas y desbocadas enumeraciones; el del personaje Borges, conocido a trav?s de sus juicios sobre la obra de Daneri y el t?tulo de su poemario, Los naipes del tah?r; y finalmente el del autor, visible a trav?s de esta escalera de enumeraciones que hemos ido citando.

Esta escala prepara al lector para el anunciado centro del relato borgesiano. Poco a poco, gracias a enumeraciones cada vez m?s extensas, el lector acostumbra el o?do del mismo modo que durante la lidia el toro es ahormado por el diestro. Este lo acostumbra a pararse y embestir del modo reclinado que necesita para el estoque final. El lector, ahormado por los temas del Polyolbion y de La tierra y por la gradaci?n de las enumeraciones, llega listo a la enumeraci?n final, la del Aleph.

Darme cuenta del artificio fue tan emocionante como el sue?o mismo; tal vez, en cierto sentido, m?s. Pens? entonces que las ideas filos?ficas que Borges trata como materia literaria no eran sino eso, materia literaria, fuegos artificiales que distra?an la atenci?n del verdadero protagonista de sus relatos; que ese protagonista tampoco era Borges, ni siquiera el personaje del mismo nombre ni ning?n otro personaje de esa narrativa casi sin acciones.

La cr?tica clasifica la narrativa de Borges bajo el nombre de "fant?stica", lo cual supone que el cuento es un enigma y que la soluci?n de ese enigma permite explicar un fen?meno extra?o que se ha filtrado en la realidad cotidiana. El enigma es pues epistemol?gico, se trata de elaborar una suerte de ley o postulado que permita explicar una realidad inusual. El cuento fant?stico se parece pues al policial : en ambos se trata de descubrir un misterio, aunque en el policial el misterio es la identidad del asesino; en ambos el lector debe participar esforzadamente de la ficci?n de un modo m?s intenso que el requerido por el cuento realista tradicional; en ambos, lo importante no es la soluci?n misma, sino el proceso que vive el lector para llegar a ella.

8 de junio de 1999

Posdata del 9 de junio de 1999

Los lectores ingleses de Agatha Christie suelen agruparse en clubes, discutir las soluciones a los misterios policiales e incluso convocar concursos cuya concurrencia est? siempre asegurada por ese human?simo gusto por el rompecabezas. Resulta sorprendente que no ocurra lo mismo con Borges. Borges convoca admiraciones filos?ficas, cazadores de citas clandestinas, hedonistas verbales.

Imagino una secreta cofrad?a de solucionadores de enigmas borgianos. La labor es dif?cil, y por ello atractiva, porque el enigma fant?stico no se resuelve estudiando los m?viles del crimen, ni las informaciones que el autor esconde a lo largo del texto y que, por una convenci?n del g?nero, tienen que estar alli. Hay que emprender adem?s el largo camino de la comprensi?n de la estrategia textual. Porque, para Borges, el placer no es la triunfal enunciaci?n del postulado fant?stico, sino la eternamente inconclusa partida que llamamos interpretaci?n.

En 1998, la lectura de Pierre Menard, autor del Quijote llam? mi atenci?n sobre uno de los libros escritos por Menard, su transposici?n en alejandrinos de El Cementerio Marino de Paul Valery. Por la misma ?poca cre? reconocer el gato de Baudelaire en el fragmento de El sur que cuenta la entrada de Dahlmann en la estaci?n del tren :

"Entr?. Ah? estaba el gato, dormido. Pidi? una taza de caf?... y pens? mientras alisaba el negro pelaje, que aquel contacto era ilusorio y que estaban separados por un cristal, porque el hombre vive en el tiempo, en la sucesi?n, y el m?gico animal, en la actualidad, en la eternidad del instante" (Borges 1986, 166)

Pens? entonces que Borges era un poeta que conoc?a el oficio. Decid? pues leer una vez m?s El Aleph, esta vez vi?ndolo como si fuese un poema de Verlaine o de Baudelaire. Las enumeraciones se tornaron paralelismos; aparecieron extraordinarias analog?as entre la distribuci?n de las enumeraciones, el tema amoroso y el filos?fico Aleph. Descubr? que las enumeraciones referidas a Beatriz Viterbo y al Aleph predicaban de sus referentes y que giraban en torno a una palabra, el nombre propio "Beatriz y el verbo "ver"; y que las de Daneri eran primitivas pues no predicaban absolutamente nada de los objetos de una realidad chata. El Aleph y Beatriz iluminan porque producen conocimiento; el mundo de Daneri, nada. El cuento se transfigur? en un mecanismo relojero que involucra a la cuestionadora posdata, las escalonadas ocurrencias de las enumeraciones de Borges y Daneri, y claro, se transform? en una nueva invitaci?n a la lectura, esta vez atenta a la coordinaci?n de estructuras narrativas, temas, registros ling??sticos, estructuras sint?cticas y morfol?gicas.

Paul Valery ense?a que la lectura de la poes?a es la ejecuci?n de una partitura, que as? como el director de orquesta debe comprender la armon?a entre los metales, los instrumentos de viento, la percusi?n y las cuerdas; el lector, transfigurado en poeta durante la lectura, debe comprender la unidad esencial entre los instrumentos fon?ticos, morfol?gicos, sint?cticos, narrativos, tem?ticos, r?tmicos y m?tricos. La pr?xima vez que interprete El Aleph, eso he de buscar.

Pierre Menard enriqueci? el arte detenido y rudimentario de la lectura mediante la t?cnica del anacronismo deliberado y de las atribuciones err?neas. Me doy cuenta de que, a?n si no hubiese parecido alguno entre las obras de Borges, Agatha Christie, Baudelaire y Valery, leer la obra del primero tal como leemos la obra de cualquiera de los otros, puebla de aventura un universo en el que usualmente los personajes, como el Borges de El Aleph, son sedentarios amigos de la ciencia y de la voluptuosidad.


Bibliograf?a

Borges, Jorge Luis. El aleph y otras narraciones. Biblioteca cl?sica universal. Emec? Editores, Salvat Editores y Alianza Editorial. 1970.

Borges, Jorge Luis. Ficciones. Buenos Aires, Oveja Negra, 1986.
Publicado por Silsh @ 23:50  | Ensayo
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios