Lunes, 27 de agosto de 2007
EL EMBOSCADO (I) Sobre Ernst J?nger

Por Marcelo Pompei

?No ten?a cabida en la parte inferior de la escala, y menos a?n en la de arriba? Ernst J?nger. El tirachinas, 1983.

Hay autores para leer. Hay autores para estudiar. Hay autores para trabajar. Hay autores para renegar. Hay autores para adornar. Hay autores para recobrarse. Hay autores para rumiar. ?stos ?ltimos son los que se llevan siempre. Los que se nos adhieren. Los que interrumpen el sue?o. A los que se regresa. A los que se reivindica. A los que uno se abraza en los naufragios. Quiero hablar, para quien no lo conozca a?n, de uno de ellos. Ernst J?nger.

Declararse lector de J?nger no es f?cil. E incluso en ciertos ?mbitos hasta peligroso. No es que se trate de un acto que requiera de una cuota alta de valent?a. Ni porque su prosa sea escarpada. Tal vez por dos motivos iniciales: porque abundan los comisarios morales y por los temas abordados por J?nger. Sus puntos de vista. A lo que hay sumarle las circunstancias hist?ricas en las que se vio involucrado y dentro de las cuales escribi? su enorme obra. Su dificultad est? en sus ideas. M?s bien habr?a que decir en el desarrollo variable de sus ideas a lo largo de sus ciento tres a?os de vida. Es mucho tiempo para mantenerse inmutable. Durante el siglo XX el mundo se agit? con violencia. J?nger no esquiv? ninguna de las sacudidas de los primeros 50 a?os. En su caso no se trata de una acumulaci?n perezosa de a?os, sino de experiencias, de actividades, de preocupaciones y ocupaciones. De guerras, de libros, de insectos, de drogas. Comienzo con una rese?a biogr?fica.

Naci? el 9 de marzo de 1895 en Heidelberg. Alemania. Su padre, tambi?n Ernst, fue farmac?utico y qu?mico. Contaba con un comercio de medicinas que dejaba al alcance de su hijo algunos elixires de la felicidad. J?nger fue el mayor de siete hermanos a los que sobrevivi? con tenacidad prusiana. Uno de ellos, escritor y poeta, Friedrich Georg. Tambi?n traducido al castellano, pero menos localizable.

Ernst crece en Hannover. Se educa en un internado de aquella ciudad y en otro en Brunswick. Es un alumno distra?do, ido: ?Yo hab?a inventado una especie de indiferencia distante que me permit?a no estar ligado a la realidad sino por un hilo invisible como el de la ara?a.?. Para esta ?poca adquiere experiencia de vagabundo con el Wanderv?gel. Una especie de grupo de excursionistas fantasiosos que recorren los bosques de la regi?n, acampan, se entregan a la naturaleza con ?nimo rom?ntico. Se funden con los elementos, concepto j?ngeriano por excelencia. Se cuentas historias. Aprenden. Se enga?an con visiones nacionalistas. Se entregan a la cerveza. Conoce su primera ebriedad. Esto lo relatar? m?s tarde en uno de sus libros m?s difundidos y quiz?s m?s arduos: Acercamientos. Drogas y ebriedad.

No ser? la ?nica experiencia de viajero. Antes de terminar su escuela secundaria se fuga de la casa y se alista en la Legi?n Extranjera. Con mentiras sobre su edad y su condici?n logra sortear la frontera hacia Francia y de all? alcanza el norte de ?frica. Se asusta. Los legionarios no son m?s que un grupo de cretinos y criminales ambiciosos. ?frica lo decepcion?. Los relatos africanos no son africanos. Su expedici?n dura algo m?s de un mes. Se convierte en desertor con la ayuda de su padre, quien le reclama que no vuelva sin antes haberse tomado una foto. Su padre es condescendiente con su ansiedad escapista. En 1936 publicar? aquello en su novela Juegos africanos. Su otra novela con experiencias de juventud escolar ser? El tirachinas de 1973.

1914. Guerra. La Gran Guerra. Se alista por propia voluntad como soldado. Pelea en las trincheras en el frente franc?s. J?nger fue soldado de batallas crueles. Verd?n. Cambrai. El Somme. Su participaci?n en la guerra termina con la guerra. Le deja 14 heridas en el cuerpo. Y uno de sus textos que lo populariz?, las Tempestades de acero. Reescrita y publicada varias veces. Corrige. Cambia. All? se lee la gran transformaci?n de la guerra y de los guerreros durante los cuatro a?os que dur? el conflicto. C?mo el campo del honor se fue transformando en un teatro de operaciones. Un matadero. C?mo el caballo es reemplazado por el tanque. La bayoneta por la ametralladora y el cloro. La guerra de posici?n y de trincheras por la movilizaci?n total y la guerra de materiales. ?l costea la publicaci?n de esta novela en 1920. Genera entusiasmo en todas las facciones. J?nger tacha. Borra. Vuelve a escribir. Espanta la aclamaci?n con la que lo celebran los nazis.

Fin de la guerra. Sentimiento de derrota. De traici?n. El famoso cuchillo por la espalda. El Tratado de Versalles maltrata a los muchachos alemanes. Muchos ex combatientes no se resignan. Venganza. Violencia. Viva Alemania. Se forma el Freiwillige Korps en 1919. El odio sale a la calle. Atenta. Mata. El resentimiento es criminal. Hace poco tuve una desgraciada experiencia de lectura. Fue con la autobiograf?a de Rudolf Hess. He le?do un sinf?n de cachivaches literarios. A ?ste hay que sumarle que no s?lo el mencionado es tan mal escritor como criminal, sino que sus delirios no despiertan la menor curiosidad psicol?gica o hist?rica. Lo peor es que comienza por el principio, con su nacimiento. Se torna ya insoportable a la altura de los seis a?os. Hess form? parte del Freikorps. Mat?. Fue encarcelado. Fue perdonado. Se aline? al nazismo.

A pesar de su desaz?n por la derrota, J?nger se resiste a continuar combatiendo de manera irregular por una causa irregular y por despecho. Permanece en el ej?rcito. Redacta manuales de t?cticas para la infanter?a.

Putsch de Kapp. Marzo de1920. La derecha, Wolfgang Kapp, y el General Walter von L?ttwitz van contra el gobierno de la Rep?blica de Weimar de Friedrich Ebert. Toman Berl?n. Los desalojan al cuarto d?a. Alemania arde pol?ticamente. J?nger se mantiene fr?o. Tibio. En ese momento se encontraba internado en el hospital militar de Hannover por un problema menor. Se pone a las ?rdenes del mayor von St?lpnagel. Hay que sofocar la rebeli?n. J?nger es un oficial del ej?rcito. A pesar de todo prefiere una indiferente neutralidad ante la coyuntura. Aqu? J?nger da muestras de un procedimiento que ser? corriente tanto en su acci?n pol?tica como en su pr?ctica literaria: separar lo accidental de lo central, del n?cleo sustancial. Comienza a madurar en ?l el tipo de temperamento, de actitud pol?tica, una Figura, que se manifestar? despu?s de la Segunda Guerra Mundial hasta su muerte. El anarca . Observa. Registra. Separa. Sus participaciones materiales se reducen a las apariencias. Su preocupaci?n est? enfocada al cultivo de s?. La realidad se parte en dos: el mundo material y la experiencia interior. Vuelva a tejer la seda invisible que lo mantiene apenas ligado al mundo. Sus relatos sobre la guerra manifiestan esta perspectiva. No constituyen un anecdotario de sangre y fuego. Cuentan c?mo la sangre y el fuego afectan el espacio ?ntimo. Su formaci?n y deformaci?n. Es el relato de lo que la guerra produce en quienes la hacen. As?, la realidad material no aparece sino como la manera en que es mirada por unos ojos, y unos sentidos, que la absorben y son impactados. Lo real radia de quien vive. Su forma es proyectada hacia fuera. La guerra, seg?n J?nger, produce, forma, deforma, transforma, alimenta. Resalta su positividad efectiva. Lo contrario es lo que Walter Benjam?n sostiene de la guerra. Al que no le sum?, le rest?. Entendida como negatividad, la depredaci?n enmudece y ciega. Agamben se apoya en esta posici?n negativa para sostener tesis negadoras. Augur de calamidades terminales. Cito a Benjam?n: ?la gente regresaba enmudecida? no m?s rica, sino m?s pobre en experiencias compartibles? Porque jam?s ha habido experiencias tan desmentidas como las estrat?gicas por la guerra de trincheras??. El plano y el contraplano. Toda la obra de J?nger referida a la guerra es un poderoso contraejemplo contra esta impresi?n. Y m?s poderoso a?n en tanto a J?nger le toc? en ambas guerras participar en el bando de los derrotados. Si es que es v?lido seguir sosteniendo el binomio victoria-derrota luego de ambos conflictos planetarios feroces. La devastaci?n fue total desde Hiroshima a Berl?n, desde Londres a Dresde. Total en los cuerpos. Lo que queda en claro es que el paso por la cat?strofe no es un?voco ni afecta de la misma manera. La reacci?n cerebral es divergente. La biograf?a de ambos pensadores expresa materialmente la discrepancia de car?cter y de pensamiento. Benjam?n se quita la vida demasiado pronto o en el momento justo. Depende de c?mo se lo mire. J?nger vivi? m?s all? de los l?mites. A ambos la tragedia no los esquiv?. En esto se asemejan. Benjam?n se queda sin palabras. J?nger las adquiere. Las adquiere Primo Levi y muchos otros luego de ser triturados en campos de concentraci?n. Las adquiere James Ballard despu?s de ser separado de sus padres y encerrado en un campo de prisioneros en China. Para algunos temples, sin descontar una pizca de suerte, estos espacios fueron escuelas. La palabra la pierden los millones de hundidos an?nimos. As? entendido, el relato, el testimonio, la meditaci?n sobre lo sucedido, son efecto del desastre, del miedo, de los hundimientos, de las tragedias personales y colectivas. Agamben se equivoca cuando piensa que la palabra, o mejor, el relato, puede surgir a instancias de la luz pura, de la felicidad son?mbula o de la plenitud del Ser como parece querer decir. El ser no es af?sico si es capaz de afectarse o se deja afectar por lo que le pasa. Por lo que le pasa y se queda. Si no elude. Se realiza a instancias de lo real, material, efectivo, concreto. No digo tampoco que el dolor sea la ?nica condici?n de posibilidad. Lo son los placeres del mismo modo. La palabra los pronuncia. Placeres y dolores son transpuestos al mundo f?sico bajo otra forma que no es la de su mera afecci?n pasiva y sin voz. O con ?la? voz de una definici?n sin carne. La palabra conjura lo que nos mata. Festeja lo que nos salva. Al menos para que la muerte y la salvaci?n no ocurra en silencio. El testimonio, en todas sus variantes, es una forma de la resistencia y del obsequio. Luego vendr? el tema de la calidad literaria y lo que esos relatos derramen en los lectores. Su destino en el tiempo. El silencio aparece si esperamos a que el Ser hable. El ?ser en tanto ser? es mudo. Ciego como un topo. Se hace a garrotazos o caricias. Al Ser se entra por los poros epid?rmicos y sale resuelto a contar lo que lo afecta; no creo en lo contrario. ?Qu?? es coqueter?a filos?fica. Distancia de f?bico. Prudencia pacata.

En 1923 J?nger abandona el ej?rcito. Se inscribe en la Universidad de Leipzig. Estudia zoolog?a. Pero no abandona la pol?tica. Piensa. Escribe. Toma posici?n. Es moment?neamente seducido por un personaje de apellido Rossbach, miembro del Freikorps. Le pide que se haga cargo del movimiento en Sajonia. El hechizo dur? poco. J?nger se da cuenta del esp?ritu que animaba a estos tipos. Lo primero que salta a ?la? vista es su naturaleza corrupta. Intentan estafarlo. Le piden dinero. Se deshace de ellos. Viaja a N?poles para continuar estudiando zoolog?a. Abandona finalmente la vida universitaria, y se abandona a la vida de escritor independiente en Leipzig. Se casa con Gretha von Jeinsen. A la que J?nger apodar? Perpetua. Ella tendr? en 1926 a su primer Hijo, Ernst, tambi?n llamado Ernestel. Comienzan a aparecer art?culos suyos en El estandarte. Publicaci?n que forma parte de la revista Cascos de acero. Su tono es extremo. El del soldado. Escora a estribor.

Sus ingresos como escritor son escasos. En 1927 se muda a Berl?n donde contin?a escribiendo duro. Entabla relaciones con otros intelectuales, algunos de cuales causar?an indigesti?n a m?s de un bienpensante actual. Ernst von Salom?n, Valeriu Marcu, Carl Schrnitt, Bertolt Brech. En particular, y a trav?s de su hermano, estrecha v?nculos con el nacional-bolchevique Ernst Niekisch. Autor de Hitler, una fatalidad para Alemania. La fatalidad lo encarcela en 1937 y lo reduce a despojo. Al poco tiempo de salir de prisi?n, ciego y debilitado, muere. J?nger guarda un gran recuerdo de este hombre, recuerdo que sale a flote seguido en sus diarios. Hasta el ascenso del nazismo al poder en 1933, J?nger sostiene de manera ininterrumpida su labor como polemista pol?tico.

En 1931 J?nger era un personaje conocido, le?do y aplaudido, incluso por aquellos cuyos aplausos hizo lo posible por evitar. Uno de aquellos que festejaban la fama de J?nger fue Goebbels. ?Le tendimos puentes de oro a Ernst J?nger, pero ?l no ?pasa? por ellos. Declar? el futuro ministro. J?nger esquiv?. Despreci? la invitaci?n. El nombre de J?nger va adquiriendo lentamente un tono sospechoso. En uno de sus ?ltimos libros El autor y la Escritura, J?nger escribe, motivado por estas cercan?as y por algunas lejan?as: uno no puede evitar que le escupan a la cara, pero s? que le palmeen el hombro. La palmada en hombro es la forma simp?tica de la humillaci?n. En este caso el tono siniestro de la ruina.

De 1932 es su libro m?s complejo y m?s incomprendido Der Arbeiter, El trabajador. Una rese?a de este texto es una tarea imposible, salvo que uno quiera seguir malentendi?ndolo. Es de lectura lenta. Los t?rminos necesitan ser redefinidos a la luz de sus otros trabajos anteriores y posteriores. Una introducci?n a la metaf?sica j?ngeriana es complicada. En su caso habr?a que hablar de ?ultraf?sica?, que es el t?rmino que ?l utiliza en otra de sus publicaciones de la ?ltima ?poca. La tijera. ?En la actualidad habr?a que preferir tal vez el t?rmino ultraf?sica a metaf?sica; ultraf?sica, es decir, una continuaci?n de lo real hacia ambos lados ?semejante a la continuaci?n del espectro m?s all? de la franja de lo visible??. Quiz? haya en esto un clave para comprender El trabajador. Quien no designa a un individuo ni a un movimiento, sino a un tipo o una Figura. Ella es la que irradia su influjo. Es unidad. Magnitud. No es suma de partes. La que otorga el car?cter a una ?poca. La era de la t?cnica, del titanismo y de los Titanes. Lo opuesto al burgu?s y al mundo ordenado por ?ste. Al mundo de los Dioses, derrotados por aquellos. ?Que el trabajador se conciba a s? mismo de una manera diferente y que en sus movimientos cese de expresarse un reflejo de la conciencia burguesa y comience a expresarse una conciencia peculiar de s? mismo?.

La voz de J?nger suena oracular muchas veces. Sus intenciones expresivas van a comenzar a escapar de a poco de las circunstancias particulares, de los acontecimientos del momento, de lo accidental, luego de su etapa de polemista. Un desprendimiento de la inmediatez que no debe ser considerado ni neutralidad ni lirismo rom?ntico. Su est?tica, si esta palabra es aplicable a su estilo y perspectiva, seguir? siendo dura y realista. Su materialidad profunda. J?nger se aparta, sin alejarse a los territorios transitados por Heidegger. Su actitud responde a estrat?gicos principios pol?ticos que desarrollar? m?s tarde por escrito en varias de sus publicaciones. El mundo de las cosas y de los asuntos contar? con su participaci?n activa, pero no comprometida. El mundo comienza a oscurecerse. 1933. El nazismo est? en el umbral del gobierno de Alemania. J?nger seguir? siendo un soldado. Tiene 38 a?os.

?Despu?s de los terremotos la gente golpea los sism?grafos.? Radiaciones, I.

El Emboscado (II) Sobre Ernst J?nger

Por Marcelo Pompei


?Es menester calar la l?gica de la violencia, guardarse de hermosear las cosas (?), y guardarse asimismo de desempe?ar el infame papel de los burgueses, que desde lo alto de sus seguros tejados moralizan a quienes intervienen en un terrible conflicto. Quien no est? mezclado en ?l, que d? gracias a Dios, pero eso no lo legitima para convertirse en juez.? Par?s, 26 de mayo de 1944.
Radiaciones II. Ernst J?nger

Hitler despotric? mitos. Alemania aclam? f?bulas. Hitler calcin? el Parlamento. Alemania se calent?. Hitler apret?. El contexto cedi?. Alemania se nazific?. Hitler desparram? disfraces de SS. Alemania se visti?. Se embander?. Hitler se hizo cargo del gobierno. Hitler se carg? a la SA. El partido se encarg? del Estado. Alemania adopt? una pose defensiva y criminal. Alemania se despleg?. Anexion?. Los nazis se desparramaron. Ocuparon territorio. Ocuparon cargos. Hitler dej? de replicar. Empez? a aplicar. 1939, estall? la guerra. La Segunda Gran Guerra. La historia es conocida.

Para esta ?poca J?nger ya hab?a logrado cierta reputaci?n como escritor, pensador y polemista pol?tico. Sus lectores no deseados, pero inevitables, lo tientan a entrar a la Academia Alemana de Poes?a. La po?tica del momento era aria. J?nger declin? la invitaci?n. Su reputaci?n sigue intacta, lo que le otorga cierto escudo de protecci?n, pero comienzan a susurrar secretos a sus espaldas. Es sospechoso. Se va de Berl?n y se refugia en un pueblito: Goslar.

EL Volkischer Beobachter, la voz del pueblo, era el peri?dico y folleto del partido en los a?os 20. En los 30 era el peri?dico del Estado nazi. Rosemberg su editor, la voz de sus ideas. Konstruye Kultura. All?, sin que el consentimiento de J?nger, publican parte de su libro Coraz?n aventurero. Esta involuntaria participaci?n lo coloca del lado de los colaboradores. Esto crea confusi?n acerca de la reputaci?n de J?nger. La confusi?n se mantuvo hasta el fin de su vida, y m?s all?. El pico m?s alto lleg? cuando le fue otorgado el premio Goethe en 1982. El caso de J?nger es un claro ejemplo de que en ciertas circunstancias el reconocimiento viene acompa?ado de una apedreada. J?nger nunca fue un objeto un?nime de la cultura Alemana. Bajo este fuego se templa el car?cter del emboscado: un objeto un?nime para s? mismo. Y as?, se mantiene a distancia de la ?poca. Se acerca a lo intemporal.

No obstante, existe una fase intermedia que dado el momento es la m?s conveniente adoptar: la del anarca. El t?rmino es de su pu?o y letra para diferenciarlo del anarquista convencional. Este concepto y actitud pol?tica J?nger la desarrolla, la medita y la explica en el formato de la novela. Su t?tulo es Eumeswil. Definir al anarca no es sencillo, requiere de todas las p?ginas de la novela. En principio habr?a que decir que la del anarca es una perspectiva y una actitud frente a las circunstancias y frente a las tiran?as. El personaje que en la novela representa el pensamiento de J?nger, Venator, confiesa: ?Mi naturaleza es, si se me permite decirlo, no oblicua sino rectil?nea. No me desv?o ni a la derecha ni a la izquierda, ni hacia arriba ni hacia abajo, ni hacia el Este ni hacia el Oeste, sino que mantengo una posici?n equili?brada. Por supuesto, analizo estas oposiciones, pero s?lo desde una perspectiva hist?rica, no actual. Soy persona no comprometida?. No se trata ni de un conjunto de acciones a ejecutar y menos una actitud moral. Se refiere a aquel sitio en que es mejor colocar la mirada, la palabra y los pies. Y el juramento. Por esto Venator, y tambi?n puede pensarse que fue la actitud de J?nger durante la guerra, declara: ?Me mantuve normal, por mucho que profundizaran en sus sondeos. Cierto que pocas veces lo normal coincide con lo rectil?neo. Lo normal es la constituci?n humana. Lo rectil?neo es la raz?n l?gica. Con ?sta, pude dar respuesta satisfactoria a sus preguntas. Lo humano, por el contrario, es tan general y al Mismo tiempo tan oculto que no pueden percibirlo, como no se advierte el aire que respiramos. Por eso, no pudieron penetrar hasta el anarquismo de mi estructura fundamental.?

Ese anarquismo es el esqueleto intemporal. El bosque an?mico. El ?nico sitio en el que puede llevarse una vida ajena a las exigencias y a los exigentes. Lo externo pertenece al tiempo y a los bandos. Esta maniobra es pol?tica y psicol?gica. Cada ?poca contiene su forma particular de poner en juego la supervivencia. Cada ?poca elabora las formas de matar o volver loco. La contrapartida es fabricarse las herramientas de supervivencia. ?Yo he logrado conservar mi estilo, incluso en las guerras?.

Requiere de la conciencia de que existe una l?nea de demarcaci?n entre lo invisible y lo visible. Una zona de juego y un n?cleo an?rquico inexpugnable. El funcionario habita la primera y jura fidelidad a las reglas. Vela por ellas. Las aplica con celo. Vigila su cumplimiento. Es su forma de huir del n?cleo. El anarca ejerce sus funciones, toma lo que le viene dado, pero no presta juramento. Es un jugador que no apuesta su libertad. Sabe que una apuesta buena no debe hacerse en una banca fraudulenta. Puede jugar con las negras o con las blancas, pero nunca patea el tablero. Le es suficiente saber que puede hacerlo. La simple exposici?n de las opiniones, aunque con buenos argumentos y a voz en cuello, redit?a mucha dignidad y pocas nueces. Y demasiados peligros. Derrama la sangre que atrae a los tiburones. La verdad no se compadrea. A quienes sostienen lo contrario y act?an sus posiciones pol?ticas sobre los escenarios preestablecidos, los de la ambigua libertad de opini?n, J?nger les dice: ?Lo que ha hecho al poner una cruz en el lugar peligroso ha sido los que de ?l estaba aguardando su prepotente adversario. La acci?n aqu? ejecutada es, con toda seguridad, la acci?n de un hombre valiente, pero a la vez la acci?n de uno de los innumerables analfabetos en las cuestiones del poder. Es alguien al que es menester prestar ayuda?. El argumento es provocador, pone de manifiesto nuestras torpezas estrat?gicas. La ambig?edad de nuestros actos radica en que a la vez que cultivamos nuestro buen nombre nos cavamos nuestra tumba. Pura l?rica. Mucha emoci?n. Detr?s de estas l?neas j?ngerianas resuenan la voz de Maquiavelo: ?Porque un hombre que quiera hacer en todos los puntos profesi?n de bueno, labrar? necesariamente su ruina entre tantos que no lo son.?

El anarca no cree en triunfos morales.?? an?rquicos somos todos. Esto es lo normal en nosotros. Cierto que es un anarquismo al que, desde el primer d?a, se le pone coto, a trav?s del padre y de la madre, del Estado y de la sociedad. Son recortes, sangr?as de la fuerza primordial, a las que nadie escapa. Hay que contar con ellas. Pero el componente an?rquico sigue en el fondo, como un secreto inconsciente hasta a sus propios portadores. Puede irrumpir, desde lo profundo, como lava, puede aniquilarlos y tambi?n liberarlos.?

Desde el punto de vista hist?rico a J?nger le toc? jugar con las peores fichas en el peor tablero. Jugaba de d?a. De noche anotaba en sus diarios, los que escond?a o remit?a a su mujer en Alemania. Cada d?a. Cada noche. Caminaba por el l?mite, por el filo. Fue inconfundible para s? mismo, pero confuso para el entorno. A los ojos de los buitres pasaba por un so?ador volado, cuando en verdad era un observador atento. De ?l nos quedan m?s que sus huesos y su nombre. Nos queda el testimonio de los a?os del fuego y el exterminio. De ah? estas l?neas de Eumeswil: ?El monarca quiere dominar a muchos, mejor a?n, a todos. El anarca s?lo a s? mismo. Esto le sit?a en una relaci?n objetiva, y tambi?n esc?ptica, respecto del poder, cuyas figuras deja desfilar sin tocarlas para nada, aunque no sin emoci?n interna, no sin pasi?n hist?rica.?

Durante los a?os 30 nace su segundo hijo Alexandre. J?nger cambia de residencia unas cuantas veces. Trata de moverse por los m?rgenes. Hitler comienza a trabajarle la cabeza bajo la forma de una novela que lo pondr? en una situaci?n comprometida. ?Desde el principio la fisonom?a de Hitler me pareci? sospechosa?. En el momento en que se moviliza hacia el frente occidental, la ocupaci?n de Francia, donde pasa la mayor parte de los d?as de la guerra, sale publicada su novela Desde los acantilados de m?rmol. En el formato de la alegor?a J?nger hace constar su visi?n sobre el nazismo y sobre Hitler. La alegor?a no es dif?cil de literalizar. Pero crea confusi?n. Les da trabajo a los censores. Comienza a preocuparse por la cantidad de ejemplares vendidos. Con el grado de capit?n del ej?rcito J?nger elude y llega hasta Par?s. Los diarios de la segunda guerra mundial, Radiaciones I y II, cuentan el desarrollo de los d?as de la ocupaci?n alemana. Entre las muchas ocupaciones que lo mantienen despierto, una es la de leer la Biblia y comentarla en sus apuntes. Habla de esto como si se tratara de una pena que se impone. J?nger no es un creyente, ni se reconoce practicante de ninguna religi?n. Pero encuentra refugio en la lectura del Libro y de los libros en general. Como tambi?n lo encuentra en la compa??a de los hombres de la cultura francesa ocultos en buhardillas parisinas. Uno de ellos fue Jean Cocteau.

Al promediar la guerra se pone a trabajar en un ensayo, titulado La paz, que causar? cierta solapada inquietud. Circular? manuscrito de manera clandestina. Se lo susurran unos a otros. Se los encontrar? entre las pertenencias del Mariscal Edwin Rommel. El tema es la situaci?n b?lica. La falacia de los bandos. La derrota mundial. La manera de alcanzar la paz. Ni objetivo ni su postura coincide con los prop?sitos de dominaci?n perseguidos por el ideario nazi todav?a en el poder. Un poder que comienza a declinar. La balanza se va inclinando hacia el lado de los aliados. J?nger siempre fue conciente de que esta clase de tiran?as no duran.

Comienza a madurar la idea de ejecutar otro atentado contra Hitler. No quedaba alternativa. La soluci?n era desembarazarse de ?l. Durante el invierno de 1943 J?nger realiza tareas de inteligencia en el frente del C?ucaso para sondear la voluntad de los oficiales respecto a tomar tal medida. La misi?n es peligrosa. La distinci?n amigo-enemigo no tiene validez en este contexto. Nunca se sabe qui?n escucha. Nunca se sabe de qu? lado est? el interlocutor. Nunca se sabe qu? clase de informaci?n se puede estar dando. Lo ?nico seguro son las consecuencias que puede sufrir quien muestre simpat?a por medidas magnicidas. Rommel es un ejemplo. O quien muestre una simple antipat?a por Hitler y lo haga saber en una ronda de bar. Ernestel J?nger, su primer hijo, es otro ejemplo. Declarar su oposici?n lo lleva a la c?rcel durante algunos meses. Luego es enviado al frente. Nunca se supo de qu? lado provino la bala que lo mat? en las canteras de m?rmol de Carrara. Pero se sospecha sin lugar a dudas. La noticia de la muerte de su hijo le llega a J?nger tres meses m?s tarde.

El atentado de Stauffenberg contra Hitler, el 20 de julio, falla. Hitler sale apenas rasgu?ado. Sus ejecutores muertos. J?nger deja definitivamente el ej?rcito. Se refugia en Kirchhorst. Se pone al frente de una milicia territorial, el Volksturm local. All?, en 1945, le toca la tarea de deponer las armas de la regi?n e intentar sufrir las menos bajas posibles entre sus hombres, a los que les aconseja no oponer resistencia. El ingl?s con el que debe cerrar el trato por la paz hab?a sido casualmente su traductor al ingl?s. La transici?n fue pac?fica.

A partir de 1950, J?nger se retira definitivamente en Wilflingen, Suabia, donde vive los pr?ximos 48 a?os de su vida, de sus libros y de sus insectos. Habita la casa del Gran Guardabosques de la familia Stauffenberg. Una rama de la familia de aquel que atento en contra de la vida de Hitler, a quien en sus diarios, J?nger apoda Kni?bolo. Un apodo que se le aparece en sue?os y que encierra un tono adecuado a tal esp?ritu.

J?nger finalmente se retira de la vida activa, pero no de la productiva. Hab?a dado todo lo que a ese tipo de vida se le puede dar. Su cuerpo. Su imagen permaneci? confusa. Sembr? admiradores y detractores, y unos cuantos lectores de todas las mentalidades y or?genes. Su calidad literaria, su erudici?n, su vocaci?n por la curiosidad son innegables. Como lo es el placer de leerlo. De aprender de ?l. Quien quiera internarse en su bosque deber? leerlo, solo, sin recetas y sin la gu?a de ninguna pretendida autoridad. Siguiendo un consejo de su pluma: ?mas vale las experiencias que las advertencias.? Esto no ha pretendido ser m?s que un semblante apurado de su persona. Sus libros est?n ah?.

J?nger muere en Wilflingen en 1998.

Termino con estas caprichosas y certeras l?neas de uno de sus lectores, F?lix de Az?a: ?As? pues, tambi?n ?l ha muerto. No ser? yo el primero en decir que corr?a la sospecha de su inmortalidad. Que J?nger pudiera no morirse nunca ilustra mucho acerca del personaje. En realidad hab?a muerto ya muchas veces, en la primera guerra, en la segunda, cuando mataron a su hijo, cuando lo desnazificaron, cuando, a pesar de todos los testimonios, los resentidos continuaban hablando de ?l como de un nazi blando y reconvertido, un esteta, siendo as? que hab?a sido todo lo contrario, un estoico sin un ?tomo de aprecio por lo ?est?tico?, un duro antinazi precisamente porque no ten?a ni un pelo de dem?crata.?

(http://lalectoraprovisoria.wordpress.com/)
Publicado por Silsh @ 2:43  | Art?culos
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Comentarios
saludos
Publicado por pocholo
S?bado, 28 de junio de 2008 | 13:54
Se seguir? tratando de las org?as con cine en el barrio de Palermo donde se acuesta con sus alumnas?
Publicado por ParticipanteAnonimo
Mi?rcoles, 21 de octubre de 2009 | 19:32