Mi?rcoles, 02 de enero de 2008
LA MUSA
por Alejandro Dolina
(Charla expuesta el viernes 7 de Mayo en la 30? Feria del Libro)

El hombre es una perpetua v?spera. Es lo que es, pero tambi?n lo que todav?a no es. Vive inclinado hacia el futuro. Vive deseando y es ?l mismo su deseo.
El hombre se va a morir, pero tiene apetito de eternidad. El hombre es mortal y es esa tragedia la que lo hace libre, la que lo convierte en constante posibilidad. Posibilidad de ca?da o de salvaci?n. El hombre se va a morir y por eso ama, y por eso escribe poemas.

Y tal vez el poetizar no sea m?s que un juicio sobre el car?cter mortal del hombre. La poes?a revela nuestra condici?n fundamental y esa condici?n es tr?gica.

Sin embargo, no debe pensarse que la poes?a es una experiencia que luego va a ser traducida en palabras adecuadas. En verdad, las palabras mismas son la experiencia. La poes?a es nombrar lo que no exist?a. Y ahora va a existir s?lo por haber sido nombrado.

La charla de hoy se refiere a algunos aspectos de la experiencia po?tica, particularmente a la inspiraci?n. Muchos artistas sienten que en el momento de la expresi?n alguien les canta en el o?do. Oyen voces intrusas que dictan palabras inesperadas. O mejor todav?a, sienten que una fuerza que les es exterior, los impulsa a cumplir con los misteriosos trabajos del arte. Algunos llaman a estas fuerzas la musa, la diosa, el esp?ritu, el genio. Otros hablan de razonamiento, asociaciones de la inteligencia, casualidad, circunstancias sociales o inconsciente. Nuestro prop?sito es examinar estos asuntos y si tenemos suerte descubrir unas relaciones, unos modestos puentes, entre el amor, la musa y la muerte.



Para los antiguos, el artista era apenas un instrumento de la diosa. La inteligencia, la destreza, el rigor de los aprendizajes, de poco serv?an sin la intervenci?n de las musas. Por eso al comienzo de cada canto ped?an expl?citamente una ayuda sobrenatural invocando a la diosa:
canta diosa,
la venganza fatal
de Aquiles de Peleo.

Conforme al mito griego, las musas son hijas de Zeus y de Mnemosine, es decir, la memoria. (anoten este dato porque es una clave).
Zeus se uni? a ella en Pieria durante nueve noches seguidas. Al cabo de un a?o, Mnemosine dio a luz a sus nueve hijas. Las musas son las cantoras divinas, cuyos coros e himnos deleitan a los dioses. Pero, principalmente, presiden el pensamiento en todas sus formas. Ellas dictan a los reyes palabras convincentes para aplacar las ri?as y restablecer la paz y, por supuesto, inspiran a los poetas y les se?alan los procedimientos art?sticos m?s adecuados.

Desde la ?poca cl?sica, se impone la cifra de nueve, admiti?ndose generalmente la lista que sigue: Cal?ope, la primera de todas, en dignidad. Y despu?s: Cl?o, Polimnia, Euterpe, Terps?core, Erato, Melp?mene, Tal?a y Urania.
Paulatinamente a cada una se le fue asignando una funci?n determinada. A Cal?ope se le atribuye la poes?a ?pica; a Cl?o, la historia; a Polimnia, la pantomima; a Euterpe, la flauta; a Terps?core, la poes?a ligera y la danza; a Erato, la l?rica coral; a Melp?mene, la tragedia; a Tal?a, la comedia; a Urania, la astronom?a.

Las musas no tienen ciclo legendario propio. Son ?nicamente personificaci?n de conceptos abstractos. Sin embargo, una investigaci?n personal me permite contar hoy los siguientes datos, que deben ser tomados como chismes de conventillo.


1) Viven en el monte Helic?n, aunque algunos dicen que Apolo las traslad? luego a Delfos. En el Helic?n, el caballo Pegaso, aquel tordillo que volaba, cre? la fuente de Hipocrene golpeando su casco en la tierra. Alrededor de esa fuente cantaban las musas y se dice que aquellas aguas facilitaban la inspiraci?n po?tica.




2) Cuando chicas, tuvieron una nodriza, llamada Eufeme. Esta nodriza ten?a un hijo, que era un centauro llamado Croto, que se cri? junto a las musas. Cazaba y viv?a familiarmente con sus hermanas de leche; y para mostrarles su admiraci?n invent? los aplausos.

3) En la vecindad viv?an las C?rites, tambi?n conocidas como las tres gracias, que son divinidades de la belleza que desparraman alegr?a. Forman coros con las musas y son tres muchachas desnudas que ejercen toda clase de influencias sobre los trabajos del esp?ritu y las obras de arte.

4) En el mismo barrio del Helic?n vive el genio H?mero, que es la personificaci?n del deseo amoroso.

5) Se sabe que las musas asistieron a la boda de Cadmo y Harmon?a y a la de Peleo y Tetis.

6) Fueron jurado en el duelo entre Marcias y Apolo.

7) Se dice que Cal?ope fue en realidad la madre de Orfeo. En cualquier caso, las musas enterraron a Orfeo en Lebietra, donde los ruise?ores cantan mejor que en ning?n lugar del mundo.

8) Apolo tuvo aventuras con Tal?a, con quien engendr? a los Coribantes, unos demonios del cortejo de Dionisio. Urania tambi?n anduvo con el dios.

9) Son las verdaderas autoras del famoso enigma de la fuente de Tebas.

10) Compitieron con las sirenas y las derrotaron. Fue all? donde las sirenas perdieron sus alas: las musas se hicieron coronas con las plumas.

11) Tambi?n compitieron con el m?sico T?miris, que hab?a pedido en caso de resultar vencedor, unirse sucesivamente a todas ellas. Las musas lo derrotaron y para castigarlo le quitaron primero la vista, despu?s el canto y por fin le hicieron olvidar el arte de pulsar las cuerdas.

12) Pero la competencia m?s ardua fue contra las Pi?rides, que tambi?n eran nueve doncellas cantoras. Una vez vencidas, las musas las transformaron en aves para castigarlas. Seg?n se dice, el propio monte Helic?n, al o?r el canto de las musas, arrebatado de placer, se levant? hasta el cielo, hasta que por orden de Posid?n, Pegaso puso fin a este crecimiento golpeando su casco en la cumbre.

13) Algunos dicen que las musas eran s?lo tres y que esta tr?ada correspond?a a la diosa tr?pode de la Europa matriarcal, la diosa que simbolizaba a la mujer en sus tres fases: la virgen, la madre, la hechicera. (Y anoten esta segunda clave).

En el ocaso del paganismo y en la antigua poes?a cristiana, el rechazo de la musa se convirti? en un t?pico po?tico. Empiezan a aparecer intentos de encontrarle sustituto. Juvenco, el m?s antiguo de los poetas ?picos cristianos, pide ayuda al Esp?ritu Santo y le ruega que lo roc?e con las aguas del Jord?n, las cuales vienen a sustituir aqu? a las fuentes de las musas. Tibulo, la sustituye por la invocaci?n a un amigo, Propercio invoca a su amada, Ovidio llama a su musa Jocosa y ya en ?poca de los c?sares, la invocaci?n del emperador lleg? a suplantar la invocaci?n de las musas, como ocurre por primera vez en Virgilio.

Comienza adem?s el auge del evemerismo. Evemero es un pensador helenista que impuso la desagradable costumbre de suavizar los mitos que parec?an demasiado inveros?miles, intentando contemporizarlos con la realidad: Urano era en realidad un rey al que todos respetaban; los dioses todos eran h?roes divinizados; el diluvio, una tremenda inundaci?n en Medio Oriente; etc. La patr?stica utiliz? el evemerismo para hacer inofensivas a las musas transform?ndolas en conceptos de la teor?a musical.

Dante, con la libertad ?nica de un alma grande y solitaria, se atreve a dar cabida en los Campos El?seos a los poetas y h?roes de la antig?edad. Y siguiendo el uso cl?sico, invoca a las musas en todos los momentos decisivos.

Bocaccio y Petrarca insisten con las sustituciones. Tasso repudia la musa antigua y rechaza los laureles del Helic?n. En la Inglaterra de Isabel, Edmund Spencer invoca a las musas sin prejuicio alguno, pero en el siglo siguiente aparece la musa protestante de Milton, la musa celestial, la que inspir? a Mois?s en el Sina?.

En el siglo de las luces, los autores utilizan la iron?a. Christoph Wieland presenta a las musas en el Oberon y les ordena primero que ensillen el hip?grifo y despu?s que se sienten en un sof? a referir con calma los acontecimientos. En 1754 Thomas Gray escribi? una obra pind?rica sobre el progreso de la poes?a y all? trata de salvar a las musas traslad?ndolas a las regiones ?rticas o al tr?pico. La musa francesa era tambi?n el nombre de la revista mensual publicada en Par?s, en la que colaboraban V?ctor Hugo, Emile Deschamps y Alfred de Vigny. Pero en ese tiempo ya nadie cre?a en las musas.

La verdad es que el pensamiento moderno ha construido un pante?n de divinidades abstractas. El lugar de Dios, o el lugar de los dioses, es ocupado por ideas tales como la clase, la raza, la herencia, el inconsciente.

Son ideas interesantes, pero insuficientes para explicar c?mo se transforman en palabras. Sabemos que las circunstancias econ?micas influyen en la poes?a, pero no podemos decir de qu? manera se vuelven poes?a. El psicoan?lisis declara que la creaci?n po?tica es una sublimaci?n. Algunos preguntan por qu? en algunos casos esa sublimaci?n se vuelve poema y en otros no.
Freud confiesa su ignorancia y habla de una misteriosa facultad art?stica. La diferencia entre las palabras del poeta y las del simple neur?tico podr?a establecerse recurriendo a una clasificaci?n de los subconcientes: uno ser?a el del com?n de los mortales y otro el de los artistas.

Algunos deterministas sostienen que a falta de musa, el artista es el inevitable resultado de las circunstancias sociales, econ?micas y pol?ticas. Es decir, que examinadas las condiciones de una regi?n en un momento hist?rico determinado, es posible conjeturar qu? clase de obras se acu?ar?n all?. Me permito repetir un argumento que ustedes habr?n o?do muchas veces en el programa.


Al o?r Borges que la vida pastoril, t?pica de la pampa, hab?a producido el Mart?n Fierro, objet? con justicia que esa misma vida pastoril hab?a sido t?pica de muchas regiones de Am?rica, desde Montana y Oreg?n hasta Chile, pese a lo cual estos territorios se hab?an abstenido en?rgicamente de redactar El gaucho Mart?n Fierro.
Ciertamente, lo social y lo econ?mico influyen en el arte. Pero es imposible saber de qu? modo.

La gran excepci?n a los criterios antedichos son los surrealistas. Ellos utilizaron la inspiraci?n como un arma y la transformaron en idea y en teor?a. Para el surrealismo, dentro de cada uno de nosotros hay muchas voces. Nada de sujeto y objeto, la inspiraci?n es el centro del mundo. Es algo que nos asalta apenas la conciencia se descuida. Andr? Bret?n se burlaba de aquellos que ve?an en toda obra humana un fruto de la voluntad y mostr? los innumerables casos en que la casualidad interviene en los descubrimientos.

En respuesta al individualismo y al racionalismo que los precedieron, los surrealistas acentuaron el car?cter inconsciente, involuntario y colectivo de toda creaci?n. Lo po?tico reside en los elementos inconscientes que sin quererlo el poeta se revelan en su poema.

Ahora bien, es cierto que esta revelaci?n del inconsciente no es voluntaria. Pero abandonarse al inconsciente s? exige un acto voluntario: el tipo decide abandonarse al inconsciente. Es una pasividad que se apoya en una actividad.
Bret?n siempre tuvo presente esta insuficiencia de la explicaci?n psicol?gica y, aunque admiraba a Freud, insisti? en que la inspiraci?n era un fen?meno inexplicable para el psicoan?lisis.

Conforme se avance en la historia, se tiene la sensaci?n de que no solamente se ha dejado de creer en las musas del Helic?n sino que tambi?n se ha ido abandonando la idea de cualquier voz ajena al poeta. M?s a?n, el fen?meno de la inspiraci?n parece no interesar demasiado a quienes analizan los procedimientos art?sticos.



Sin embargo, si uno mira con atenci?n puede advertir no s?lo a las nueve hermanas de los mitos griegos sino tambi?n a otras hermanitas nuevas, musas modernas cuyas voces son ciertamente imperativas. Las presentar? inmediatamente.

Los griegos sol?an hablar de la musa que proporcionaba dinero. Era la de los poetas de alquiler, como Sim?nides de Julis en Seos, que compon?a himnos a todos los vencedores.

Esa musa existe hoy en d?a y dicta versos vulgares en el o?do de los artistas que est?n a sueldo de la industria y del mundo del espect?culo. Muy a menudo la diosa asume forma humana de gerente art?stico y sopla recomendaciones que ayudan a preservar la pureza incorruptible del mal gusto, que es indispensable en ese Helic?n invertido que suelen ser los medios masivos de comunicaci?n.

Cuenta Virgilio que Fama, es decir la voz p?blica, fue engendrada por la Tierra. Est? dotada de numerosos ojos y bocas y viaja volando con grand?sima rapidez. Ovidio imagina que esta divinidad habita en el centro del mundo y su morada es un palacio sonoro, con mil aberturas por las que penetran todas las voces. Este palacio, enteramente de bronce, est? siempre abierto y devuelve amplificadas las palabras que llegan hasta ?l.

Fama vive rodeada de la Credulidad, el Error, la Falsa Alegr?a, el Terror, la Sedici?n y los Falsos Rumores. Y desde su alc?zar vigila al mundo entero.

Otra musa de nuestro tiempo es la musa del t?pico, del lugar com?n, la diosa de la comodidad art?stica.

Uno de los procedimientos caracter?sticos del arte refinado consiste en crear dificultades para luego superarlas. El manierismo y el barroco han llevado esta idea hasta lo exasperante.

En la novela Robinson Crusoe, est? siempre presente el alarde de resolver las necesidades del n?ufrago a partir de la modesta dotaci?n de una isla desierta. El ingenio del autor resuelve cada uno de los problemas casi siempre de modos inesperados. Sin embargo, a veces, Defoe, hace trampa.
No lejos de la isla han quedado los restos del barco, y cuando se necesita alg?n objeto demasiado espec?fico, pongamos por caso un catalejo, Robinson nada hasta el barco y lo trae. Aqu? anduvo la diosa c?moda. El que nada hasta el barco no es Robinson Crusoe sino el autor de la novela. Y hay que decir que los poetas perezosos siempre tienen a mano un barco hacia el cual nadar cuando las palmeras de sus islas desiertas no fructifican en catalejos.

Musa in?til, la copia. Sin embargo, copiar algo, aunque se trate de una copia exacta, y especialmente cuando es una copia exacta, produce unos efectos curiosos. La falsificaci?n de un cuadro impresionista es en verdad una obra hiperrealista.
Y en cualquier copia existe la pretensi?n de ofrecer un signo que se haga olvidar como tal: el signo aspira a ser la cosa, no la imagen de la cosa, sino la cosa.

A lo largo de la historia, el Estado ha aparecido muchas veces vistiendo la ropa de la diosa.
La verdad es que el poder pol?tico puede canalizar, utilizar y hasta impulsar una corriente art?stica. Lo que no puede es crearla. Y all? donde el estado ha intervenido para edificar una est?tica oficial, el verdadero arte languidece.

Sin embargo, muchos pensadores han apreciado el arte s?lo por los servicios que pod?a prestar al Estado. Tal el caso de Confucio o de Plat?n, que en ?Las leyes? prohibe todo arte que no sea ?til a la rep?blica. Hoy en d?a, muchos progresistas del mundo entero exigen que la creaci?n art?stica sea socialmente ?til, como aquellos nihilistas que llegaron a proclamar que un par de botas era m?s ?til que todo Shakespeare.

Voy a citar ahora dos casos de intromisi?n del Estado en la poes?a que ocurren en el mismo pa?s y cuya cabeza visible es una mujer, como conviene a esta charla.

La dinast?a Tang gobern? el imperio de la China entre el 618 y el 906. Parece que el buen gobierno de los Tang se debi? m?s a las instituciones ideadas para regir el imperio que a la personalidad de los emperadores. La concepci?n de la llamada ?Carrera abierta de los talentos? fue una invenci?n china.
Los Tang ampliaron el sistema de ex?menes que exist?a para evaluar a los funcionarios. Hasta ese momento era indispensable la erudici?n. Despu?s se agreg? otra exigencia: el ejercicio de la poes?a. Una emperatriz llamada Wu estableci? que la poes?a fuera un requisito esencial para ingresar a la administraci?n p?blica y para ascender en la misma.

Wu fue muy elogiada por permitir el ascenso social de hombres de condici?n humilde pero de gran talento. Debe decirse que este ascenso social lleg? en algunos casos hasta la misma cama de la emperatriz, donde sol?an solazarse algunos poetas. Se ten?a en tal estima a la literatura durante aquella dinast?a, que el gobierno se ve?a obligado a dar empleo a todos los que tuvieran talento literario.

Por esos tiempos hab?a una distinci?n entre la literatura pr?ctica llamada pi y la composici?n estrictamente literaria llamada Wen, que estaba en relaci?n con la expresi?n agradable. As?, por ejemplo, las obras de Confucio eran pi. A pesar de las protestas de algunos funcionarios importantes, el estilo wen se puso de moda, con lo que se oscurec?a el significado de los textos administrativos.
La frase ?Prohibido estacionar durante las 24 Hs.? Pod?a escribirse as? en estilo wen:
Que nada se detenga nunca.
Las horas, los vientos, las pasiones
no estar?n ma?ana donde est?n hoy.
El viajero vuelve al aposento
donde qued? su amada
pero su amada ya se ha ido
y el aposento tambi?n.

Veamos otra ordenanza municipal: Prohibido escupir en el suelo Pas?mosla al estilo wen:
De los portones del alma,
de la morada del beso
del manantial del lenguaje
abst?nganse de salir
ofensas l?quidas
a la dignidad horizontal
que nos sostiene,
manga de chanchos.


Wu fue una verdadera musa inspiradora para un ej?rcito de bur?cratas que poetizaban. M?s de mil a?os despu?s, otra musa apareci? en la China.

En 1965 Mao Ts? Tung concibi? la idea de lo que se llam? la revoluci?n cultural.

En ese momento, China estaba gobernada por un triunvirato: el propio Mao, el jefe de estado Liu Shao-chi y el jefe del ej?rcito Lin Piao.
Mao decidi? abordar indirectamente la nueva obra y empuj? hacia el centro de la escena a su esposa, la actriz cinematogr?fica Chiang Ching. Se hab?an casado en 1939. Ella hab?a actuado en Shangai durante los a?os treinta, utilizando el nombre profesional de Lang Ting. Durante los primeros veinte a?os de su matrimonio Chiang Ching se mantuvo en un plano muy secundario. Pero de pronto se convirti? en el centro de un grupo de intelectuales descontentos, escritores fracasados, actores de segundo orden, y en general, de un grupo que deseaba ejercer el dominio de las artes y radicalizarlas.

Chiang Ching tuvo su oportunidad cuando Mao le permiti? organizar el festival de la ?pera de Pek?n acerca de temas contempor?neos en el gran sal?n del pueblo. Eran 37 ?peras nuevas, casi todas sobre la revoluci?n, representadas por 28 compa??as proletarias provenientes de 19 provincias. Lo que es todav?a m?s sorprendente, Mao le permiti? pronunciar un discurso, el primero a cargo de una mujer desde que ?l hab?a tomado el poder. Chiang Ching arremeti? contra el teatro cl?sico Chino, dominado por los antiguos temas de h?roes, hero?nas, emperadores, pr?ncipes, eruditos y, sobre todo, espectros y demonios.
Recomend? la representaci?n universal de ciertas ?peras modelo, por ejemplo una que se llamaba Incursi?n sobre el regimiento del tigre blanco y captura de la monta?a del tigre mediante la estrategia. Todo esto molest? al alcalde de Pek?n, el mandar?n y erudito Peng Chen, que se neg? de plano a seguir las instrucciones de Chiang Ching.

La se?ora jur? venganza. Se instal? junto a Mao en Shangai. Peng Chen, el mandar?n, fue despedido y ella fue designada asesora cultural de todas las fuerzas militares. El 20 de marzo de 1966, Mao convoc? a la juventud iletrada. Chiang Ching se convirti? en el esp?ritu rector de un grupo de activistas y fue designada especialmente por Mao para encabezar la revoluci?n cultural.

Los primeros guardias rojos aparecieron a fines de mayo. Pertenec?an a la ense?anza secundaria. Ten?an de 12 a 14 a?os. Pronto se les unieron otros, que desataron una revoluci?n contra los intelectuales, contra los que admiraban lo extranjero, contra los maestros y contra todos aquellos que seg?n ellos eran contrarrevolucionarios.

Empezaron los famosos carteles de caracteres grandes, donde se le?an amenazas. Las pandillas recorr?an las calles y cortaban el pelo a las muchachas que usaban trenzas, a los varones que usaban pantalones de estilo extranjero se los destrozaban. Se organizaron fogatas callejeras con los art?culos prohibidos, que inclu?an naipes, juegos de ajedrez, discos de jazz y una amplia gama de objetos de arte. Las bibliotecas fueron saqueadas y clausuradas. Entre tanto, Chiang Ching se hab?a dedicado a gobernar el mundo de la cultura y a hablar en mitines de masa, en los cuales denunciaba al capitalismo, el jazz, el rock and roll, el impresionismo, el arte abstracto, etc. Aprovech? para saldar cuentas pendientes con el mundo del teatro y el cine de los a?os treinta. En una ocasi?n llev? a todos sus enemigos, incluido en antiguo alcalde de Pek?n, al estadio de los trabajadores con pesados carteles de madera colgados del cuello.

Las pandillas de Chiang Ching se apoderaron de la televisi?n, los diarios y las revistas. Confiscaron todas las pel?culas existentes y las presentaron corregidas. Chiang Ching asist?a a los ensayos de la orquesta filarm?nica central y zarandeaba al director Li Te Lung. En el ballet, prohibi? los dedos de orqu?deas y las palmas vueltas hacia arriba, y en cambio favoreci? los pu?os cerrados y los movimientos violentos para demostrar el odio a la clase terrateniente.

Despu?s de prohibir pr?cticamente todas las formas de expresi?n art?stica, Ching Ching se esforz? con desesperaci?n por llenar el vac?o, pero no fue posible producir gran cosa: dos obras orquestales, cuatro ?peras y dos ballet. Tampoco pudieron producirse muchas pel?culas. Ching Ching dec?a que hab?a sabotaje. A fines del verano de 1967, Mao orden? a Ching Ching que suspendiese toda la actividad. En el oto?o Mao retir? todo el apoyo oficial a la revoluci?n cultural y utiliz? al ej?rcito popular de liberaci?n para restablecer el orden. Chiang Ching, la musa de la revoluci?n cultural, fue perdiendo poder.

En 1973 ya no viv?an juntos. Poco antes de su muerte, Mao recibi? un informe acerca del sistema educativo por parte del presidente de la universidad Qinghua, que hab?a sido purgado por Chiang Ching y despu?s rehabilitado. Mao le dijo que hablara s?lo tres minutos.
Recibi? esta sombr?a respuesta ?Treinta segundos bastar?n. Los alumnos universitarios estudian los textos de los alumnos secundarios y su nivel acad?mico es el de las escuelas primarias?.
Mao falleci? el 9 de septiembre de 1976. Los enemigos de Chiang Ching quer?an cortarla en 10 mil pedazos. Fue juzgada en 1981 y condenada a muerte. Dicen que durante el juicio lleg? a desnudarse.

Antes de nombrar a la ?ltima de las musas quisiera referirme a la poes?a provenzal.

En el siglo XII surge en Occitania, en el sur de Francia, en el pa?s de la lengua de oc, la poes?a provenzal, es decir la poes?a l?rica y tambi?n la idea del amor como forma de vida. Aquellos trovadores, aquellos poetas, hicieron aparecer el amor cort?s. Se?alemos que en esa ?poca se hab?a verificado un cambio en la condici?n femenina.
Las muchachas de la nobleza gozaban de cierta libertad. Y en un mundo donde el matrimonio no estaba fundado en el amor sino en intereses pol?ticos y econ?micos, y siendo que las frecuentes guerras obligaban a los se?ores a ausentarse durante a?os, es probable que la infidelidad fuera cosa muy frecuente.

En Alemania exist?a la instituci?n de la frauendienst, que consist?a en el culto de la mujer. La meta del caballero era demostrar su virilidad y su valor mediante actos de audacia, cuyo ?ltimo objetivo era servir de homenaje a una sola mujer. Este favor caballeresco se cumpl?a siempre en beneficio de mujeres casadas. Las tradiciones de la caballer?a francesa eran muy similares. Todo lo que el caballero hac?a, ya se tratase de escribir un poema o de intervenir en una cruzada, lo hac?a en nombre de su dama.

Era mucho lo que el caballero aceptado pod?a hacer para honor y entretenimiento de su dama.
Si sab?a escribir versos, elogiaba los encantos y las virtudes de su ideal... los pon?a por las nubes, y a?n m?s alto. He aqu? un breve muestrario de las encantadoras comparaciones que los caballeros del amor utilizaban para dirigirse a la dama elegida:

?Oh, Estrella de la Ma?ana, Capullo de Mayo, Roc?o de las Lilas, Hierba del Para?so, Racimo de Oto?o, Jard?n de Especias, Atalaya de Alegr?as, Delicia Estival, Fuente de Felicidad, Foresta Florida, Nido de Amor del Coraz?n, Valle de Placeres, Reparadora Fuente de Amor, Canci?n del Ruise?or, Arpa del Alma, Pascua Florida, Perfume de Miel, Consolaci?n Eterna, Peso de la Bienaventuranza, Prado Florido, Dulce Limosna, Cielo de los Ojos... etc.?

Consignemos algunas influencias art?sticas y filos?ficas: los ?rabes desde Espa?a, a trav?s de formas po?ticas populares, pero m?s a?n a partir de la costumbre isl?mica, seg?n la cual, invirtiendo la relaci?n tradicional de los sexos, llamaban a la dama su se?ora y se confesaban sus sirvientes.
Pero la sociedad de Occitania era mucho m?s abierta que la hispano-musulmana y las mujeres gozaban de mucha mayor libertad. Y as? este cambio fue una verdadera revoluci?n, afect? las costumbres, cambi? la visi?n del mundo. Vamos a explicarlo.

Como vasallo el amante sirve a su amada. El servicio tiene varias etapas: comienza con la contemplaci?n del cuerpo y el rostro de la amada y sigue conforme a un ritual, con poemas escritos en su honor, con pruebas de amor de cumplimiento casi imposible, etc. El ?ltimo paso es el goce carnal.
Sin embargo, en una ?poca tard?a aparecieron los poetas profesionales y ya no fue un se?or el que se fing?a vasallo, sino un verdadero vasallo el que escrib?a poemas, ya que los poetas pertenec?an casi siempre a un rango inferior al de las damas para las que compon?an las canciones.

Ahora bien, la dama era en estos casos inspiradora de los poemas y al mismo tiempo tem?tica central de ellos y objeto de la dedicatoria. Vale decir que era musa que dictaba el poema, pero luego lo recib?a a modo de homenaje u ofrenda. El poeta era la flecha, la dama era el arco y el blanco. (Y esta es otra se?al).

Los tres grados del servicio amoroso eran pretendiente, suplicante y aceptado. La dama, al aceptar al amante lo besaba y con eso terminaba el servicio. Pero hab?a un cuatro grado: el de amante carnal.

Otra influencia interesante es la influencia plat?nica que, seg?n se ha dicho, considera al amor como un camino a la divinidad.
Los provenzales trabajaron la idea de que el amor era una iniciaci?n, lo cual indicaba que tambi?n era una prueba. As?, antes de la consumaci?n f?sica, hab?a una etapa intermedia que se llamaba assag o assai y que era la prueba de amor.

El assai comprend?a a su vez varios grados: asistir al levantarse o acostarse de la dama; contemplarla desnuda y finalmente penetrar en su lecho y entregarse a diversas caricias sin llegar al final.
Los poetas provenzales hablaban siempre de una misteriosa exaltaci?n que llamaban joi y que era la m?s alta recompensa del amor. Se trataba de un estado de felicidad indefinible. Algo as? como el goce de la posesi?n carnal, refinado por la espera y la mesura. Una est?tica de los sentidos. S?lo la poes?a pod?a aludir a ese sentimiento.

A aquella misma ?poca pertenecen las famosas cortes de amor y las demenciales aventuras de caballeros andantes como el caballero Ulrich Von Lichtenstein, que en honor a su dama rompi? 307 lanzas vestido con ropas femeninas. O el caballero Balaum, que tuvo que arrancarse el me?ique. Despu?s de o?r estas historias es m?s f?cil comprender la famosa balada de Schiller sobre el guante que la dama arroja a los leones. El caballero acepta rescatarlo, pero con ?l cruza la cara de la cruel mujer.

Al margen de estas exigencias femeninas hijas del aburrimiento, el legado provenzal fue considerable. Formas po?ticas e ideas sobre el amor, que influyeron en Dante, Petrarca y sus sucesores, hasta los poetas surrealistas del siglo XX, sin olvidar las canciones, las pel?culas y los mitos populares. La mujer mantiene en esta tradici?n una superioridad en el dominio del amor y una jerarqu?a de musa en la inspiraci?n de los poetas.

Contar?, si ustedes me permiten, la historia de un trovador provenzal que es verdaderamente ejemplar.

En la corte de Leonor de Aquitania, hab?a un trovador que gozaba de gran fama. Las damas y las doncellas no se cansaban de escucharlo.
El trovador se llamaba Jaufr? Rudel. Era un tipo solitario que so?aba con un amor ideal y aguardaba a la que supiera inspirarlo.

Por aquellos a?os, a principios del siglo XII los cruzados que volv?an de Jerusal?n relataban las peripecias de sus viajes. No s?lo se refer?an a episodios de guerra, sino tambi?n a la ardiente belleza de las mujeres orientales y tambi?n a las hermosas francas nacidas en Tierra Santa, donde no pocos cruzados se hab?an casado con armenias o levantinas.
Jaufr? Rudel escuchaba. Pronto los viajeros comenzaron a referirse a una misma mujer, una cuyo esplendor superaba al de todas las dem?s.

La muchacha se llamaba Melisenda de Tr?poli, era hija de Raimundo de Tr?poli. Era de talle fino y formas perfectas, cutis claro y cabellera negra como el azabache. Viv?a en un suntuoso palacio a orillas del mediterr?neo, precisamente en la ciudad de Tr?poli.
Jaufr? Rudel se enamor? de Melisenda, aunque no la hab?a visto nunca. Esperaba ansioso que llegaran m?s relatos de los cruzados. Las damas y doncellas de la corte le parec?an insignificantes comparadas con la lejana belleza que describ?an los aventureros.

A partir de entonces, Melisenda fue su musa. Escrib?a sus versos pensando en ella. Pasaron algunos a?os y Rudel pens? en declararle sus sentimientos. Pero su salud era precaria y no ten?a dinero. Como no escrib?a m?s que para Melisenda, tuvo la idea de confiar sus escritos a los caballeros que part?an hacia tierra santa, para ver si alguno pod?a entreg?rselos a su amada. Pero el tiempo pasaba y Rudel no obten?a respuesta alguna.

Desesperado, decidi? partir, su salud declinaba y quer?a encontrarse con Melisenda antes de morir. Empez? a economizar, moneda tras moneda, para pagar su viaje a bordo de una nave. Cuando finalmente reuni? la suma necesaria, parti? y lleg? a Tr?poli sumamente enfermo despu?s de una traves?a terrible. Tambaleando quiso ir al castillo donde viv?a Melisenda. Golpe? la puerta y solicit? ver a la muchacha. Los guardias lo echaron a patadas. Es que Jaufr? Rudel parec?a un pordiosero.

El trovador insisti?. Regres? al otro d?a y los d?as siguientes. Por fin, cuando Melisenda advirti? su presencia, lo hizo ingresar de inmediato. Es que hab?an llegado hasta ella las canciones de Rudel a trav?s de otros viajeros. Melisenda estaba enterada de la existencia de aquel hombre que le expresaba su amor desde hac?a tantos a?os y quer?a conocerlo.

Jaufr? tembl? de emoci?n cuando fueron a buscarlo. Delgado y p?lido, apenas caminaba. Lo hicieron entrar en el gran sal?n. Frente a ?l estaba Melisenda. Jaufr? avanz? lentamente, se arrodill? frente a ella y no pudo hacer nada. S?lo permaneci? mir?ndola durante largo tiempo. La muchacha se inclin? y bes? largamente a Rudel en la boca.
Lamentablemente aqu? termina la historia. Apenas se separ? de la doncella, Jaufr? Rudel cay? muerto. Ten?a 50 a?os de edad. Nada m?s se sabe de Melisenda de Tr?poli. Esto ocurri? hace m?s de 800 a?os. Las m?s bellas canciones de Jaufr? Rudel, las que escribi? para su princesa lejana eternizaron su amor e hicieron de ?l no de los m?s grandes poetas de la Edad Media.

Melisenda fue una verdadera musa. Pero hay damas que no son tan eficaces, o hay poetas que usted no los inspira ni tir?ndole a las nueve musas encima. Tal fue el caso de Cecco Angioleri, el enemigo del Dante.

Cecco Angioleri era un poeta nacido en Siena en 1265, el mismo a?o en que nac?a Dante en Florencia. Cecco estaba enamorado de Becchina, la hija de un zapatero, que era hermos?sima. La primera vez que oy? los cantos que Dante hab?a escrito a Beatrice de Portinari, Cecco dijo al zapatero que eran malos versos. Becchina le dijo entonces:
-Te burlas de ese Dante, pero seguramente no sabr?as escribir en mi honor unos versos parecidos-. Cecco Angioleri lo tom? como un desaf?o.

Compuso un soneto en loa a Becchina, que no sab?a leerlo y que se re?a a carcajadas cuando ?l lo recitaba.
Lo que escrib?a Angioleri proced?a de la literatura goli?rdica, un g?nero literario en lat?n vulgar que practicaban los cl?rigos errantes y los estudiantes d?scolos de toda Europa. Los argumentos estaban relacionados con el vino, los amores il?citos, los juegos de azar y las fiestas.
Cecco Angioleri compuso 150 sonetos dedicados a Becchina, pero la muchacha no le dio bolilla. La casaron con un vendedor de aceite.

Las bodas se hicieron a comienzos de 1295. Dicen que Cecco imit? el dolor de Dante, pero Becchina no muri?. Trat? de seducirla y en una ausencia del aceitero, ella le dio un beso en la boca, pero despu?s lo despidi? para siempre.

Cecco Angioleri compuso versos inflamados y sinti? odio. Amenaz? suicidarse en la puerta de Becchina. Lo sacaron a patadas. Se recluy? en una abad?a pero fue peor. Se ensa?? luego con Alighieri y le envi? unos versos injuriosos. Al fin se fue a luchar junto a los g?elfos negros. Solamente porque Dante Alighieri era partidario de los g?elfos blancos.

Cuando muri? su padre hered? una fortuna y se presentaba ante todos como Cecco Angioleri, de noble linaje, se?or de Arccidoso y de Montegiovi, m?s rico que Dante y mejor poeta.

Mientras tanto, en Escandinavia tambi?n florec?an unas ideas m?ticas sobre la revelaci?n po?tica, que son tal vez las que m?s me gustan.

Entre los vikings, los asuntos de la poes?a y del conocimiento estaban en manos de Od?n. Ya lo conocemos a nuestro amigo del Asgard. Est? sentado en su trono de mil resplandores, lleva una capa azul. Una lanza enorme, Gungir, aparece apoyada junto al trono. A sus pies descansan dos lobos, Gerin, el ?vido y Freki, el voraz. Ristra y Mistra, dos hermos?simas walquirias, est?n pendientes del gran dios para llevarle el delicioso elixir de la eterna juventud. Dos cuervos, Hugin, es decir reflexi?n, y Munin, o sea la memoria, se paran en los hombros del dios y le cuentan todo lo que han visto en sus desplazamientos por los distintos mundos.

Od?n pose?a el saber primordial de los remotos fundamentos de las cosas. Pero sent?a la invencible necesidad de ser cada vez m?s sabio. En una ocasi?n, lleg? hasta J?tunheim, el pa?s de los gigantes, donde se hallaba la fuente de Mimir, que era la fuente de la sabidur?a. Od?n pidi? al gigante Mimir que lo dejara beber un sorbo. All? supo que para tomar aquellas aguas hab?a que sacrificar un ojo. Od?n no vacil?: cualquier precio est? bien pagado por el conocimiento.

Un d?a, los cuervos de Od?n, que lo vigilaban todo, le contaron un episodio interesant?simo. Los enanos Fiallar y Giallar ten?an un frasco de hidromiel divina al que hab?an a?adido la sangre de Odhr, se?or de toda inspiraci?n. Esta sangre otorg? a la bebida un poder inimaginable. Los enanos le dieron el nombre de Odhraeir. Bastaba beber un peque?o sorbo para que uno quedase convertido en sabio poeta. Los enanos andaban diciendo que el pobre Odhr hab?a muerto por exceso de inspiraci?n.

Los enanos eran taimados y maliciosos. En cierta ocasi?n causaron la muerte del gigante Gilling y de su esposa. Pero esta pareja ten?a un sobrino llamado Suttung, el ruidoso, que para tomar venganza apres? a los enanos y los dej? en una roca desierta en medio del mar. Ante la posibilidad de morir de hambre, los enanos prometieron a Suttung que si los sacaba de all? le entregar?an un odre lleno de la hidromiel Odhraeir. Suttung acept? y recibi? el valioso odre. Despu?s lo escondi? en un monte del pa?s de los gigantes y encarg? a su hija Gunnlod la custodia de aquel tesoro.

Todo esto le contaron los cuervos a Od?n. El dios march? al pa?s de los gigantes y despu?s de fracasar tratando de convencer a Suttung y a toda la parentela, pas? tres d?as y tres noches en placentera uni?n con la joven Gunnlod. Terminados aquellos menesteres, Od?n pidi? tomar un sorbo de licor. La chica no pudo negarse y, seg?n cuentan, los sorbos de Od?n fueron tales que consumi? todo el l?quido de la inspiraci?n. Despu?s, adopt? forma de ?guila y sali? volando. Desde entonces, Od?n habla en verso.

Voy a abrir otra puerta en esta conversaci?n, ya que estamos entre amigos. Pido permiso para hablar del amor. Y otra vez hay que empezar por los griegos.

Como ustedes saben, El banquete de Plat?n est? compuesto por varios discursos sobre el amor, pronunciados por siete comensales. Arist?fanes explica el mito del andr?gino. Antes hab?a tres sexos, el masculino, el femenino y el andr?gino, compuesto por seres dobles. Estos ?ltimos eran fuertes, inteligentes y amenazaban a los dioses. Para someterlos, Zeus decidi? dividirlos. Desde entonces, las mitades separadas andan en busca de su mitad complementaria.

El mito despierta en nosotros resonancias profundas: somos seres incompletos, y el deseo amoroso es perpetuo deseo de completarnos.
Pero el centro del banquete es el discurso de S?crates. El fil?sofo relata a sus oyentes una conversaci?n que tuvo con una sacerdotisa extranjera, Diotima de Mantinea.

Diotima dice que Eros no es un dios ni un hombre, es un demonio. Lo define la preposici?n entre: en medio de esta y la otra cosa. Su misi?n es comunicar y unir a los seres vivos. Tal vez por esto lo confundimos con el viento y lo representamos con alas. Ha nacido de la uni?n de Poros, el recurso, y Pen?a, la pobreza. A su doble parentesco debe su condici?n de deseado y de deseante. Eros no es hermoso: desea la hermosura. El amor nace a la vista de la persona hermosa. El amor es una de las formas en que se manifiesta el deseo universal.

Pero Diotima previene a S?crates: el amor no es simple. Su objeto tampoco es simple y cambia sin cesar. Todos los hombres desean lo mejor, comenzando por lo que no tienen. El deseo de belleza es tambi?n deseo de felicidad, y no de felicidad instant?nea y perecedera, sino perenne. Diotima va m?s all?: si lo que amamos es la hermosura ?por qu? amarla s?lo en un cuerpo y no en muchos? Y si la hermosura est? en muchas formas y personas ?por qu? no amarla en ella misma? ?por qu? no ir m?s all? de las formas y amarla en ello que las hace hermosas: la idea?

Diotima ve al amor como una escala. Abajo, el amor a un cuerpo hermoso. Enseguida, a la hermosura de muchos cuerpos, despu?s a la hermosura misma, m?s tarde al alma virtuosa, al fin, a la belleza incorp?rea. La belleza, la verdad y el bien son tres y son uno. Aquel que ha seguido el camino de la iniciaci?n amorosa en el orden correcto, percibir? s?bitamente una hermosura eterna, incorruptible. El amor es el camino, el camino de la inmortalidad.

Hemos dicho que la experiencia po?tica es una revelaci?n de nuestro ser. El amor tambi?n lo es. Hemos dicho que el hombre vive inclinado hacia el futuro. El amor es un ir al encuentro.

En la espera todo nuestro ser es un anhelar, un tenderse hacia algo que a?n no est? presente y que es una posibilidad que puede no producirse, la espera nos tiene en vilo, es decir, suspendidos, fuera de nosotros.

Pero si el amor es simult?nea revelaci?n del ser y de la nada, no es una revelaci?n pasiva, sino algo en lo que nosotros participamos, algo que nosotros nos hacemos: el amor es creaci?n del ser.

Algo m?s: el amor es tambi?n una escuela de desenga?os, un camino en el que paulatinamente la realidad de la pasi?n se revela como una quimera, hasta que la muerte despierta al amante extraviado en sus sue?os. (Y esta m?s que una clave es el argumento de Lo que me cost? el amor de Laura).

Los petrarquistas cre?an que la belleza femenina era capaz de operar milagros. Ya para los plat?nicos, la contemplaci?n de un cuerpo hermoso era el primer escal?n del ascenso hacia la divinidad. Las historias m?ticas y reales sobre la hermosura y sus efectos son numeros?simas: la belleza sobrehumana de Psique, que asustaba a los pretendientes o de Quione, que se atrevi? a competir con Artemis. Despu?s de todo, fue por una opini?n acerca de la belleza que comenz? la guerra de Troya. Y yo me atrevo a decir que no hay un est?mulo po?tico mayor. Negar la fuerza de este fen?meno so pretexto de feminismo o esp?ritu libertario es una de las formas de ceguera espiritual m?s incomprensibles de nuestro tiempo. Negar la belleza como virtud para no ofender a quien no la posee es como desconocer el genio por cortes?a con los zonzos. Cosas asombrosas que he visto en el mundo, primero, y sin duda ninguna, la belleza femenina.

Hemos presentado algunas musas nuevas: la musa del dinero, la musa del Estado, la musa de la comodidad, la musa de la copia.
Y ahora cabe preguntarse: ?Qu? musa inspira las charlas sobre la musa? Tal vez la misma Feria es tambi?n una musa industrial que apresura a los novelistas, que pone fecha cierta a las ocurrencias y que somete a la inteligencia a unas cadenas que la anulan y que se llaman plazos.
Yo debo decir que la musa inspiradora de esta charla es la que me acompa?a siempre. Es una musa de infortunio, la misma que dict? Lo que me cost? el amor de Laura. Esa obra carece probablemente de todo inter?s, pero la forma en que me fue revelada merece prevalecer sobre su m?rito art?stico. Mientras escrib?a las modestas canciones iba dibujando el melanc?lico mapa de mi futuro de desventura. La musa fue tambi?n hechicera y tuvo el don de la profec?a. Pero para saber cu?l es la ?ltima musa falta todav?a un paso.

Hemos subrayado algunos pasajes de la charla porque tuvimos la sensaci?n de que eran peque?as claves. La primera era una clave freudiana. Decir que las musas son hijas de la memoria es situarlas dentro de nosotros mismos y ubicar la cantera de la inspiraci?n en el patio de nuestras propias vivencias.

La segunda clave fue recordar que originalmente las musas eran s?lo tres y que esta tr?ada simbolizaba a la mujer en sus tres fases: la virgen, la madre y la hechicera. Y aqu? nos acercamos m?s a la figura de la ?ltima musa que queremos perfilar.

La tercera se?al, la dieron los provenzales: para ellos la dama inspiraba los poemas, pero tambi?n era tem?tica central de ellos y objeto de la dedicatoria. Vale decir que era musa que dictaba el poema pero luego lo recib?a a modo de homenaje u ofrenda.

Y para Robert Graves y para nosotros, la musa secreta, la musa individual e intransferible de todo poeta, es la mujer amada. El poeta inspirado se conecta con la diosa s?lo a trav?s de una mujer en la que ella reside. Es que un poeta verdadero se enamora absolutamente y su amor sincero es para ?l la encarnaci?n de la musa. Ella es la ?nica que conoce y nos hace conocer la m?sica buscada.

Pero hay m?s: encontrar a la mujer amada es tambi?n construirla. El objeto de nuestro amor es, al menos en parte, una creaci?n nuestra. Amar es inventarse cada d?a. Creamos con nuestra imaginaci?n a la musa que ha de venir a ayudarnos en nuestras creaciones. Y otra vez aparece esa extra?a mezcla de lo propio y de lo ajeno que es el hombre. El hombre persigui?ndose a s? mismo, el hombre estirado hacia el gris porvenir que a?n no es. La voz que viene de afuera viene tambi?n de adentro. El rasgo m?s individual de nuestro ser viene tambi?n de afuera. Y en el trascart?n, esperando, dando a nuestra inspiraci?n el tiempo exiguo de las payadas, est? la muerte, que es la otra o la misma musa, la que estuvimos buscando toda la noche.
Publicado por Silsh @ 20:30  | Opini?n
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