Domingo, 10 de agosto de 2008
El Animal Político Panameño de Pedro Rivera O.: una lectura. 

por José Carr M. 

1. 

Pedro Rivera nos entrega, en esta ocasión, un conjunto de ensayos escritos al calor de los acontecimientos que han ido construyendo nuestra realidad histórica, social, política, cultural y económica en los últimos 10 años.  
Cada uno de los ensayos es hijo de la mirada reflexiva de un escritor que ha hecho del asedio a ese concepto, en constante construcción y desconstrucción, denominado “ser nacional”.
  
Desde el punto de vista de la permanencia en el oficio literario de Pedro Rivera O., y de lo que ha constituido su preocupación central como escritor y pensador social: nuestra sociedad y su marcha hacia el futuro ha ocupado el centro de su quehacer, extendiendo sus reflexiones desde un pasado que aún no discutimos con profundidad y verdad, en términos generales, hasta los más actuales y candentes problemas humanos. 

El linaje de este escritor se remonta al de los fundadores de esta patria continental de mestizajes y opresiones coloniales que aún no terminan y de los sueños que no se vencen: esos que periódicamente se agitan con fuerza desde la lucha social y política, desde las casamatas de la cultura popular, democrática y revolucionaria, y desde la movilización cotidiana de los sectores subalternos para mejorar sus condiciones de vida. 

Con excepción de la narrativa de largo aliento, Pedro Rivera O. ha ejercido el oficio literario desde todos los géneros discursivos con solvencia, maestría y generosa entrega. Hasta el género testimonial, que aún no gana su legitimidad en un continente en donde la literatura nace desde la mirada asombrada de los primeros europeos que arribaron a nuestras costas, ha encontrado en Pedro Rivera O. a uno de sus destacados cultores. 

Zoo Politikon (El Animal Político) es el título con el que unifica esta colección de preocupaciones y reflexiones presentadas como ensayos o en la envoltura del artículo y la crónica. Prosa sin prisa, aguda en sus observaciones, amarga muchas veces en sus conclusiones, tiene sin lugar a dudas el brillo del rescoldo. Son los tizones encendidos del amor por esta tierra y su gente los que iluminan sus líneas, y hacen de las mismas una lateralizada declaración de amor a la brava por un país que es difícil, abigarrado, indiferente en la forma de apreciar estos llamados y, paradójicamente, emocional y sentimental hasta lo cursi para conmoverse con los actos de amor que se le ofrecen. 

He visto nacer algunos de estos ensayos, verdaderas propuestas para intentar entender lo que somos y lo que podemos ser, desde la perspectiva de una herramienta interpretativa que su autor denomina “análisis bio-sico-cultural-social”. Algunas de estas criaturas nacieron destinadas a una columna semanal que Pedro Rivera O., desde las páginas de El Universal, sirvió con disciplina marcial y humildad franciscana (cobraba lo simbólico) por cuatro años.  

Desde las páginas de Tragaluz, semanario cultural del mismo periódico, vimos crecer las reflexiones que constituyen el material de un libro que busca la puerta por la que entraron nuestros demonios culturales y sociales al cuerpo nacional, a partir de la conquista y la colonia española.  
    
Quiero hacer algunas observaciones que no quieren ocultar el profundo respeto, la gran admiración y el cariño que me une a este autor. Los aciertos que ustedes, como lectores, van a encontrar en esta obra son de su autor por la vía de su gran talento literario y su inteligencia despierta. Las impresiones de que hay desaciertos en esta obra, corren por mi cuenta. 

2. 

He leído con alegría y placer este libro de Pedro Rivera O. y he encontrado en él todos los elementos que caracterizan al buen ensayo: Libertad de vuelo interpretativo, belleza y ductilidad en el lenguaje, ejercicio del criterio, apertura conclusiva y hasta la necesaria arbitrariedad que muestra todo ensayista con oficio.  

Y es que el ensayo no pretende hacer ciencia, no aspira a establecer sus verdades con la firmeza y permanencia que llevó a los romanos a fijar sus leyes en doce tablas grabadas sobre metal precioso.  

El ensayo nace de la duda. Es la incertidumbre la que lleva al ensayista a intentar explicarse todo aquello que le preocupa, lo angustia, lo asombra o simplemente le maravilla.   Cuando Michel Montaigne practicó el género, bautizándolo con el nombre de ensayo, la explicación que dio para ese nombre fue sencilla y enormemente iluminadora: “Ensayo porque no sé.” De tal suerte que uno no se acerca al ensayo para encontrar respuestas definitivas, sino para compartir dudas e intercambiar propuestas interpretativas con el autor. 

Pienso que Zoom Politikón, que toma su nombre de la de denominación aristotélica expresada en la frase: “El hombre es un animal político”, es un descriptivo de todas las deformaciones que hemos heredado de la colonia, del neocoloniaje que se nos cuela a diario por todas las ventanas de la patria, más el añadido que hemos sabido aportarle a ese entuerto. 

Cuando Aristóteles afirmaba que el ser humano era un animal político, lo que quería resaltar con dicha metáfora era una característica que nos hacía distintos: la posesión de la comunicación, del instinto gregario y de la vocación de hacer un destino común con unidad de aspiraciones colectivas. La observación aristotélica es la síntesis de un largo camino recorrido desde las sabanas y los bosques africanos, cuando el homo pitecantropus se irguió, por evolución y desarrollo, y pasó a ser homo habilis. Ese homo habilis, capaz de fabricar sus herramientas, de planificar la cacería, de articular sonidos con significados, de sobrecogerse ante lo desconocido, sacralizar y ritualizar la vida, es el abuelo del cual desciende el homo politicus que metaforizó el estagirita. 

Lo que para Aristóteles es metáfora, en el caso de Pedro Rivera O. es ironía y sátira. El animal político nacional parece no aprender de su experiencia. Parece ser adorador de la eficacia que muestran los resortes de la manipulación, cuando se utilizan con fines aviesos, y Pedro la emprende contra esas lacras que no nos permiten ser, sino parecer. 

El libro parece más próximo a la visión de Thomas Hobbes que a Aristóles y su metáfora. “El hombre es lobo del hombre” dijo el inglés, más próximo al horror que debe causar semejante constatación que al asombro. 

Sin embargo, Pedro Rivera O. no deja de pugnar, en un mano a mano intelectual con esa realidad y las descalificaciones que construye tienen momentos intensos de gran lucidez y brillo, de profunda y serena sabiduría y de exageraciones salpicadas de ironía que nos hacen sonreír y esperanzarnos. Porque cuando un hombre logra reír en medio de lo que comprende como trágico, siempre hay posibilidades de salvación. 

Hay en este libro un aspecto que debo señalar como punto abierto a discusión. El mismo se refiere a una visión o enfoque neo-darwinista que pareciera empujarnos hacia un determinismo fatal, potenciando lo que adquirimos por herencia genética por encima de lo cultural, lo aprendido y superado como praxis crítica de la realidad. 

No concuerdo con un examen de nuestra realidad que le dé preponderancia a lo biológico por encima de lo social, de lo histórico. La ciencia ha demostrado hasta el cansancio que lo biológico es histórico y ese sólo hecho lo convierte en dinámico y cambiante.  

La gran conquista de la evolución y el desarrollo biológico del hombre es su cerebro.  Ese órgano lo ha colocado en capacidad de continuar expandiendo las posibilidades de la vida en el planeta y en los nuevos hábitats que logremos descubrir o construir fuera de los actuales límites espaciales conocidos, y también permite activar los resortes destructivos para la aniquilación de la especie o de grandes sectores de la humanidad. 

Sin embargo, no es este el tiempo de la angustia, sino el de las esperanzas. 

La humanidad se salvará de sí misma porque posee todas las condiciones subjetivas y objetivas para afrontar esa hazaña. La capacidad de domeñarnos, de elevarnos por encima de nuestras debilidades y pulsiones para visualizar el futuro, soñarlo y organizarnos para alcanzarlo, no la tiene ninguna otra criatura en el planeta. Esa capacidad se llama humanidad y su motor es el ejercicio de la libertad, al que no hemos aprendido a renunciar como deber y pasaporte de supervivencia. 

Recomiendo la lectura de este libro al que considero útil, luminoso y con el suficiente poder de seducción para que nos lleve a hacer el viaje crítico hacia nuestro interior; ejercicio obligado para asumir el reto de ligar la necesidad y la libertad, única forma de hacer historia a lo grande, con generosidad y posibilidades de futuro cierto.


Tags: poesia, latinoamerica

Publicado por Silsh @ 14:28  | Art?culos
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios